Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de diciembre de 2021
  • Actualizado 16:02

LA ACTIVISTA TAMARA NÚÑEZ DEL PRADO ANALIZA LA PROBLEMÁTICA

“Asesinar a una transexual es feminicidio”

Tamara Núñez del Prado, activista y defensora de los derechos humanos.   RRSS
Tamara Núñez del Prado, activista y defensora de los derechos humanos. RRSS
“Asesinar a una transexual es feminicidio”

Tamara Núñez del Prado, una mujer transexual boliviana que se reconoce como lesbiana y se presentó en sociedad como mujer luego de 2012 a través de un proceso en el que tanto ella como su familia sufrieron cambios, está segura de que la condición de género determina si se trata de un feminicidio o no.

Radicada en Connecticut, Estados Unidos, la activista por los derechos humanos del colectivo Trans, Lésbico, Gay y Bisexual (TLGB) no es nueva en el ambiente. De hecho, ha liderado distintas causas por el sector y también ha sido parte de la Defensoría del Pueblo, hasta agosto de 2017. Allí se desempeñó como adjunta, colaborando en la gestión de David Tezanos Pinto, desde junio de 2016.

Distanciada del país, pero no de la coyuntura en la que el asesinato de mujeres trans ha tomado la agenda, confiesa que los crímenes de odio la entristecen. Entiende que se ha producido un “retroceso” en la aplicación de las políticas públicas, sobre todo durante el gobierno de Jeanine Áñez, cuando, según ella, el Estado “dejó de atender casos bajo la Ley de Identidad de Género”.

Al calor de los casos sobre asesinatos de trans y el debate impulsado por diferentes organizaciones en torno a la tipificación de la figura de “transfeminicidio”, Tamara apunta dos argumentos. Cree que toda mujer, independientemente de sus características, cuando es asesinada debe ser incluida dentro de la lista de las víctimas de feminicidio. Para explicarlo, trae a colación la serie existente de orientaciones, tales como cisgénero, transgénero, transexual e intersexual, términos que –ella está segura- ningún juez del país sabrá distinguir.

Considera que, ante el hecho de que la batalla de las mujeres trans sea reconocida legalmente y que las muertes no queden en la impunidad, es preciso establecer la figura de transfeminicidio.

“El feminicidio, independientemente de la condición de la mujer, es feminicidio. Si es hecho a una mujer cisgénero, es feminicidio. Si es hecho a una mujer transgénero, es feminicidio. Si es a una mujer transexual, también. La condición de género define si es feminicidio o no”.

“Ahora, hay otra visión. Lamentablemente, en este tema de visibilización jurídica que necesita la comunidad trans, estoy muy de acuerdo en que se lleve el transfeminicidio como una fórmula jurídica, una tipificación. Necesitamos que los que interpretan las leyes sepan la diferencia. Si los promotores de justicia no tienen conciencia porque no estudiaron, no se les podrá pedir que juzguen la cosa correctamente. Mis compañeras trans tienen la razón. Me pongo en el papel de activista y digo, sí, es preciso”, explica.

En los últimos meses, colectivos, instituciones y movimientos diversos comenzaron reuniones con entes dependientes del Estado, entre ellos, la Dirección General del Servicio Plurinacional de la Mujer y de la Despatriarcalización. El objetivo ha sido elevar propuestas para modificar la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia (Ley 348). En este sentido, la entidad Transgéneros y Transexuales Femeninas de Bolivia (OTRAF) promueve la inclusión del término transfeminicidio en dicha norma.

Comprende que las mujeres transexuales y transgénero del país sufren una situación suprema de vulnerabilidad. De ello dan cuenta las cifras, pues se reportan más de 60 víctimas de crímenes de odio en el país. El asesinato de Alessandra, una muchacha cruceña de 19 años encontrada estrangulada en un hostal de Cochabamba en febrero pasado, engrosa el listado. Es preocupante para Núñez del Prado, quien advierte que las políticas públicas han retrocedido. “El sentimiento que más fluye es la tristeza. Bolivia había logrado tener una ley contra crímenes de odio, era un capítulo que estaba en el nuevo código del sistema penal, el cual fue abrogado por estupideces de un grupo élite que logró manipular bien la cosa. Ahora, hay miles de muertes”.

GOBIERNO DE ARCE “No hay por parte del gobierno actual, de Luis Arce, una política ni discurso claros en contra de la discriminación”, asevera la activista que considera que ello agrava aún más el estado de vulnerabilidad del sector. “Arce tiene que comenzar a tomar políticas claras en contra de la discriminación, y no solo de la población trans, sino en general”. Recuerda que cuando la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de Ley de Identidad de Género, en 2016, recordó el caso de Dayana Kenia Zárate Bustamante, una muchacha trans asesinada por su novio, el 1 de abril de 2016.

Celebra, ahora, la trascendencia que tomó dicha causa, en la que el colectivo, por primera vez, encontró justicia tras la muerte de la joven paceña en manos de su pareja. El asesino fue condenado a 30 años de prisión sin derecho a indulto. No obstante, disiente en la tipificación del crimen.

“El asesinato estuvo en boca de la política nacional. El elemento más importante es que los padres no se echaron atrás y buscaron justicia. Eso ha hecho que todo funcionara. Fue el único caso jurídico en el que se pudo velar el debido proceso por parte de la Defensoría del Pueblo, que pudo hacer dos informes. Lamentablemente, el juez no lo tomó como feminicidio, siendo que la Ley 348 entiende como feminicidio (el asesinato de) una mujer trans”.

ADIÓS A UNA LÍDER Con el fallecimiento de la activista Rayza Torriani, rostro principal de la lucha de la Red de Personas Trans de Bolivia (Red Trebol), se van los referentes. Así lo contempla Tamara, quien reconoce que ambas no han compartido ideologías políticas (Núñez del Prado se declara de izquierda), pero que ello no impidió que estuvieran juntas por la misma causa.

“Ha sido de las compañeras luchadoras trans más grandes que tuvo Bolivia. Eso, para mí, es algo que vale mucho la pena. Rayza y otras compañeras debieron luchar de verdad, tuvieron que estar en una lucha en la que existía una discriminación al 100% hacia la comunidad trans”.

La existencia de distintas asociaciones abre un abanico, también, para que las trincheras políticas sean diversas y encuentren un espacio. Tamara relata que ello hizo que “no haya ahora una asociación LGBT clara, porque todas quedaron desnudadas políticamente”.

SALIR DEL CLOSET La mujer trans lesbiana, que antes de asumir su actual identidad era Antonio, protagonizó un destape de sinceridad que costó un proceso en el que su familia también tuvo que asimilar los cambios.

Ella agradece haber “salido” del closet (se entiende esto cuando comúnmente las personas revelan su elección sexual ante sus familias) dentro de lo que denomina como una “sociedad moderada”. “A partir de una nueva constitución y era política pude salir del closet. Todo ese trabajo se echó atrás en 11 meses”.