13 años, una vida apagada: Tanya Rosy y el dolor que quedó en Chulumani
La menor de edad buscaba regresar a casa y subió a la camioneta de un desconocido que prometió llevarla; él la agredió sexualmente y le quitó la vida. El autor ya cumple condena en Chonchocoro.
Tanya Rosy tenía 13 años. Era de madrugada y el camino a casa era aún largo. Cuando vio acercarse una camioneta, levantó la mano confiada, buscando regresar a su hogar. El conductor dijo que iba hacia la misma dirección, y ella se subió. Horas después, sus padres y vecinos recorrían el pueblo buscándola. El desenlace fue devastador; Brayan Prudencio Mollo Viracocha, de 25 años, la agredió sexualmente y le quitó la vida. Hoy cumple su sentencia en el penal de Chonchocoro de La Paz, donde pasará los próximos 30 años, mientras sus padres Nolberto y Rosa aún no logran asimilar lo ocurrido.
El crimen ocurrió en Chulumani, Sud Yungas, a unas cuatro horas de La Paz. Allí, el transporte público no funciona toda la noche; cuando no hay movilidad, la gente pide aventones, es decir, que alguien los lleve o acerque a su destino. La mayoría de los conductores son del lugar; Brayan también lo era y se dedicaba a la crianza de pollos, aunque no todos se conocen entre sí. Tanya no conocía a este hombre.
Ella salió de su casa en Ocabaya la noche del sábado 15 de noviembre sin que sus padres lo notaran. Rosa contó que horas antes su hija le había pedido 40 bolivianos para comprar materiales escolares; planeaba ir temprano al pueblo de Chulumani la mañana del domingo 16. Algo ocurrió, pero decidió salir esa noche. No se sabe si se encontró con amigos, compañeros o qué pasó en el camino. Lo único cierto es que la última vez que fue vista con vida fue a las 02:35 de la madrugada del 16, en inmediaciones de la plaza San Martín de Chulumani. Llevaba pantalón negro, chamarra deportiva blanca y su mochila en la espalda.
Las cámaras de vigilancia de un inmueble registraron las imágenes. Tanya, al ver una camioneta, levantó la mano; era su única alternativa para llegar a casa, pues no había más movilidades. Se acercó a la ventana del conductor y, al parecer, preguntó hacia dónde se dirigía para ver si le quedaba de camino a Ocabaya; luego se subió.
Desde entonces, la búsqueda se enfocó en identificar esa movilidad, clave para conocer su paradero. Además, una compañera de Tanya le comentó a Rosa que su hija le había enviado un mensaje en el que decía que estaba de camino a casa, pero que la persona que la llevaba estaba ebria y que tenía miedo. Poco después, el celular dejó de funcionar.
Los padres reportaron la desaparición de Tanya el domingo 16 de noviembre, y la población se movilizó en su búsqueda. El martes 18, encontraron la camioneta sin placas. Más tarde, Brayan Prudencio se presentó en la Policía y terminó confesando el crimen.
Los vecinos, movidos por el dolor y la rabia, incendiaron el vehículo; los investigadores lamentaron la acción, pues dentro podían hallarse pruebas importantes. El autor condujo a la Policía hasta la comunidad de El Arrozal, donde había dejado el cuerpo de la adolescente, mientras una caravana de pobladores seguía cada paso. El cuerpo, dentro de un yute celeste, estaba a 80 metros de profundidad. La escena fue devastadora, sobre todo para los padres.
En un intento de linchamiento, los pobladores golpearon al hombre mientras le reprochaban el dolor que había causado a la familia. Horas más tarde, alrededor de la 01:30 del miércoles 19, lo entregaron a la Policía; lo habían agredido y despojado de algunas prendas inferiores.
En entrevista con la Red Yungas, el hombre manifestó estar arrepentido. Admitió haber matado a la adolescente para evitar ser denunciado por violación. Relató que esa madrugada había estado bebiendo con amigos en una discoteca, pero que luego, ya ebrio, se retiró solo en su camioneta. En el trayecto, dijo, ocurrió todo. Contó que primero la llevó hasta Ocabaya, donde supuestamente la atropelló y le causó heridas, pero que seguía con vida, la volvió a subir al vehículo y terminó cometiendo el crimen
La autopsia médico legal estableció – según el informe del fiscal departamental de La Paz, Luis Carlos Torrez – que la adolescente murió por asfixia mecánica, estrangulada con un lazo. El autor admitió haberlo hecho usando la chompa de la víctima.
La audiencia de Brayan Prudencio se extendió pasada la medianoche, ya del 20 de noviembre. Él admitió el crimen y se sometió a un juicio abreviado; el juez dictó 30 años de privación de libertad por feminicidio, la pena máxima que se aplica en Bolivia. Muy temprano fue trasladado a la cárcel de Chonchocoro.
Por la tarde, Tanya fue despedida en el Cementerio General de Chulumani con globos blancos. En la ceremonia, la directora de la unidad educativa donde estudiaba reclamó seguridad. Recordó que cuando la estudiante abordó la camioneta estaba cerca de la Policía, quienes podrían haberle dado resguardo o alertado a sus padres; así también se podría haber evitado que una persona en estado de ebriedad condujera y recogiera a una niña. Además, pidió buses escolares, pues muchos de sus estudiantes se trasladan desde zonas alejadas, como era el caso de Tanya.
El caso de Tanya fue calificado como feminicidio y se convirtió en el número 69 en Bolivia en lo que va del año. El departamento de La Paz registra la mayor incidencia, con 27 casos; le siguen Santa Cruz con 16, Cochabamba con 11, Potosí con 6, Oruro con 5, Tarija con 3 y Chuquisaca con 1.
Hoy, Rosa y Nolberto lloran a su hija. No saben cómo podrán superar la pérdida. Entrar a la habitación que compartía con su hermanita, donde aún quedan su cama, sus peluches y sus cosas, los sume en un dolor profundo. La población también quedó marcada por la tragedia.

