Historia y drama del boliviano atrapado en una mina chilena
18 de agosto de 2010 (23:25 h.)
Era el primer turno de su vida y llevaba apenas cinco días trabajando cuando ocurrió el derrumbe en la mina San José. Es la historia del ciudadano boliviano Carlos Mamani Solís (de 23 años), quien recién estaba aprendiendo las técnicas para trabajar en una mina.
"Eran sus primeros pasos. Hace unas semanas, nos vinimos por la frontera de Chungará para buscar nuevas oportunidades en Copiapó", detalla su suegra, quien sólo se identifica como Ilvina.
El boliviano se presentó en San José con el propósito de encontrar un trabajo estable, pues no había tenido éxito en los últimos meses.
"Eligió ese trabajo porque le entregaba un buen dinero para mantener a su señora e hijo", cuenta su suegro, Raúl Quispe.
Sus familiares lo señalan como una persona muy alegre y cariñosa con sus amigos. Además, que en sus tiempos libres se dedica a jugar fútbol.
Los parientes de Mamani sólo se enteraron del accidente dos días después, ya que nadie les comunicó del derrumbe.
La familia del boliviano no se muestra mucho en el campamento. Sólo sale de sus carpas, facilitadas por la Onemi, para comer o recibir apoyo psicológico.
AGRICULTOR Mamani era un trabajador agrícola del valle de Azapa.
Verónica Quispe, esposa de Carlos Mamani, dijo que hace 10 años la familia se vino a Chile desde Oruro para trabajar en plantaciones de tomate en Arica. Hace cuatro, Mamani y su suegro, Johnny Quispe, llegaron a Copiapó para trabajar en las minas. Quispe, de hecho, se salvó porque salió del yacimiento minutos antes del derrumbe.
ESPERANZA Según la información oficial, Carlos Mamani es el único extranjero que se encuentra en el interior de la mina San José.
Carlos es boliviano y llegó a Chile con una mochila llena de sueños. Este joven vino a pasear, pero terminó encontrando el amor en Arica y posteriormente viviendo en la capital regional. Verónica Quispe, es su esposa, se conocieron en Arica y se enamoraron, compartiendo desde ese instante sus vidas, junto a su hija que tiene un año y medio.
Su vida cambió la madrugada del viernes 6 de agosto, cuando una llamada telefónica de su padre le alertó respecto al accidente señalándole que en el interior de la mina estaba su esposo. Desde ese momento no ha dejado de estar en la mina junto a cerca de ocho familiares provenientes de Bolivia, ya que lo único que anhelan es que el rescate sea una oportunidad de reencuentro.
Éstos han sido los instantes más difíciles de su vida, con una mezcla de incertidumbre y de esperanza. "Tengo fe de que todos saldrán vivos, yo sé que mi esposo está luchando por su hija", dijo.
Hoy Verónica está agradecida de las muestras de ayuda y afecto de parte de todos, y tiene la esperanza de que los equipos provenientes de Australia y Estados Unidos puedan hacer más rápida las tareas para contactarlos.