Por su extrema debilidad otros definirán la suerte de la Asamblea Constituyente

A esta altura la suerte de la Asamblea Constituyente, de algún modo afecta a la situación política general del país. Considerando esa dimensión, el análisis debe hacerse de la totalidad de factores que forman parte de la realidad nacional. El conjunto de personas que constituyen la entidad a la que nos referimos, en su dimensión humana y aisladamente no generan ningún acontecimiento.



En la hipótesis de prolongar la existencia de la Constituyente, lo primero que debemos averiguar es la extensión temporal de esa ampliación. ¿Será necesario dos, cuatro o seis meses? ¿Quién o quiénes tienen el conocimiento y la autoridad suficientes para establecer con precisión ese tiempo? De lo que estamos hablando es no sólo de la redacción de la nueva Constitución Política del Estado, sino del referendo y después del ajuste técnico necesario de todo lo aprobado por el pueblo.



Por lo que sabemos, el problema rebasa en mucho el límite sólo del asunto relativo al tiempo. Uno de los vacíos o ausencias determinantes es la falta de un proyecto completo, coherente y de validez universal, por lo menos en ámbito de los partidos políticos con representación en la Asamblea. La observación se refiere preponderantemente al MAS que en la práctica es la corriente que por sí misma puede definir muchos aspectos pendientes.



Otro componente que perturba el trabajo de la Asamblea, es la presencia de corrientes extremistas que aprovechando la falta de cohesión y disciplina del movimiento popular que teóricamente tiene el control del Gobierno, juega irresponsablemente con fórmulas y propuestas, unas veces anacrónicas y otras totalmente ajenas a la realidad nacional. Por ejemplo, eso de crear un cuarto poder omnímodo es, desde todo punto de vista, insostenible.



El Consejo Político, de algún modo fantasmagórico porque muchos de sus componentes no pasan de ser siglas desconocidas, en vez de fortalecer a una entidad supuestamente básica, la ha debilitado. Y ahora, sin haber logrado ninguna solución ni avance se retira sin ningún compromiso ni responsabilidad, como si nada hubiera sucedido.