¿Cuánta sabiduría y experiencia tienen los miembros de la Asamblea Legislativa?
10 de diciembre de 2009 (20:03 h.)
Todo comienzo, siempre tiene dificultades y tropiezos, este desbalance adquiere dimensiones incalculables en el campo político, en los períodos llamados revolucionarios. Los transformadores europeos, norteamericanos y de nuestro hemisferio, sabían y saben cómo empezar dichos procesos, pero nunca pudieron preestablecer el fin, ni siquiera la dinámica intermedia de tales acontecimientos. Teóricamente la diferencia entre evolución y revolución es la rapidez, profundidad y violencia de los hechos. Ahora, los principales protagonistas de esta etapa, no se cansan de hablar de una revolución democrática y cultural, esto quiere decir que los sucesos serán, más o menos rápidos.
Entre las tareas que debe realizar el nuevo régimen, una determinante, de la que depende todo lo demás, es la constitución de la Asamblea Legislativa. Esta afirmación parece vacía o redundante porque de todos modos tal constitución se llevará a cabo tácitamente. Entonces, parece que no tendría sentido preocuparse de esa estructuración institucional. Sin embargo, no está muy claro el conjunto de personas que asumirán los puestos de dirección, así como las diferentes comisiones. El Parlamento, siendo una estructura eminentemente política depende de la capacidad y del comportamiento de senadores y diputados.
Entre los diferentes órganos del Estado, el que tiene una dimensión ideológica más amplia, es el Legislativo. En todos los lugares del mundo, este es el escenario en el que la capacidad intelectual, la valentía y el honor de los actores, definen la proyección de tal entidad. Para tomar decisiones, la cantidad de senadores y diputados, obviamente, es determinante. Empero, por la misma naturaleza del Parlamento, un solo individuo con capacidad intelectual respetable, con habilidad oratoria y con valentía puede lograr avances y realizaciones admirables. Hubieron períodos en los que políticos geniales, individualmente considerados, hicieron vibrar los hemiciclos parlamentarios.
De la revisión que hemos realizado, lamentablemente, surge la decepcionante conclusión de la falta de personas capaces en las listas que acaban de ser proclamadas. Es posible, que haya gente inteligente y con proyecciones parlamentarias, lo que resulta seguro, es la falta de experiencia. Considerando los componentes irresponsables de la política, quizá alguien diga que para realizar un buen papel en las cámaras de Senadores y Diputados, lo único que hace falta es audacia o cierta habilidad retórica. Eso no es cierto, legislar y fiscalizar exige una formación profesional, avanzada, seria y patriota.
La Asamblea Legislativa tiene que poner en práctica o mejor dicho institucionalizar la nueva CPE. Tarea, ciertamente difícil, seria y trascendente. Es ahí donde veremos la capacidad de la gente, por ejemplo, para dictar la Ley marco de las autonomías, las normas para la formación del Poder Judicial o los marcos institucionales en los que se realizará el control social. Hay, en la nueva Ley Fundamental, normas amplias, confusas, contradictorias y en algunos casos históricamente inconcebibles, dar extensión jurídica a todo eso, no será fácil. Desde el Parlamento se puede consolidar las transformaciones o convertir en chacota el intento revolucionario.
Entre las tareas que debe realizar el nuevo régimen, una determinante, de la que depende todo lo demás, es la constitución de la Asamblea Legislativa. Esta afirmación parece vacía o redundante porque de todos modos tal constitución se llevará a cabo tácitamente. Entonces, parece que no tendría sentido preocuparse de esa estructuración institucional. Sin embargo, no está muy claro el conjunto de personas que asumirán los puestos de dirección, así como las diferentes comisiones. El Parlamento, siendo una estructura eminentemente política depende de la capacidad y del comportamiento de senadores y diputados.
Entre los diferentes órganos del Estado, el que tiene una dimensión ideológica más amplia, es el Legislativo. En todos los lugares del mundo, este es el escenario en el que la capacidad intelectual, la valentía y el honor de los actores, definen la proyección de tal entidad. Para tomar decisiones, la cantidad de senadores y diputados, obviamente, es determinante. Empero, por la misma naturaleza del Parlamento, un solo individuo con capacidad intelectual respetable, con habilidad oratoria y con valentía puede lograr avances y realizaciones admirables. Hubieron períodos en los que políticos geniales, individualmente considerados, hicieron vibrar los hemiciclos parlamentarios.
De la revisión que hemos realizado, lamentablemente, surge la decepcionante conclusión de la falta de personas capaces en las listas que acaban de ser proclamadas. Es posible, que haya gente inteligente y con proyecciones parlamentarias, lo que resulta seguro, es la falta de experiencia. Considerando los componentes irresponsables de la política, quizá alguien diga que para realizar un buen papel en las cámaras de Senadores y Diputados, lo único que hace falta es audacia o cierta habilidad retórica. Eso no es cierto, legislar y fiscalizar exige una formación profesional, avanzada, seria y patriota.
La Asamblea Legislativa tiene que poner en práctica o mejor dicho institucionalizar la nueva CPE. Tarea, ciertamente difícil, seria y trascendente. Es ahí donde veremos la capacidad de la gente, por ejemplo, para dictar la Ley marco de las autonomías, las normas para la formación del Poder Judicial o los marcos institucionales en los que se realizará el control social. Hay, en la nueva Ley Fundamental, normas amplias, confusas, contradictorias y en algunos casos históricamente inconcebibles, dar extensión jurídica a todo eso, no será fácil. Desde el Parlamento se puede consolidar las transformaciones o convertir en chacota el intento revolucionario.