Economista ve efectos graves si la caída de precios prosigue
24 de agosto de 2008 (19:44 h.)
El economista Gary Rodríguez cree que una mayor caída de los precios de los minerales resultaría catastrófica para el país, cuyos ingresos por exportaciones dependen, en buena medida, del contexto internacional favorable para la venta de hidrocarburos y minerales.
Rodríguez estima que las ventas al exterior de los minerales representan casi la cuarta parte del valor total de las exportaciones del país, que el pasado año ascendieron a cerca de 4.800 millones de dólares.
Sin embargo, aclara que el significativo incremento de los ingresos por las exportaciones de minerales ha sido resultado casi exclusivo de los altos precios internacionales para su venta, pero no así de una mejora en términos de volumen.
Dice que el mejor ejemplo de esta coyuntura de precios altos ha sido el del estaño, que ha llegado a cotizarse hasta en 11 dólares por libra fina, cuando en otras coyunturas apenas alcanzaba por 2,5.
"En la medida en que esta situación se consolide y los precios vayan a la baja, en el sector minero se van a presentar fuertes problemas", afirma, aclarando que al mencionar al sector minero no sólo se refiere al privado, sino también al estatal.
El economista apunta que la experiencia ha demostrado que la economía boliviana suele andar exitosamente mientras goza de precios internacionales favorables para sus materias primas, pues, cuando esto ya no es así, empiezan los problemas de competitividad que se traducen en subsidios para el sector minero.
Advierte que esta tendencia hacia la creación de subsidios repercute, a su vez, en la economía del Estado, generándole déficit que se traduce en otras tantas dificultades económicas.
Manifiesta que se generaría un problema adicional para los productores mineros si el costo del estaño apenas supera los 5 dólares por libra fina, pues el mineral boliviano bien podría ser reemplazado por el estaño producido a costos menores en países del Asia.
Ciclos económicos
Recuerda que la economía mundial se ha mantenido boyante durante los últimos cinco años, con tasas de crecimiento superiores al 5 por ciento, favoreciendo particularmente a países exportadores de hidrocarburos y minerales como Bolivia.
Sin embargo, aclara que la economía se desenvuelve por ciclos, habiendo los de expansión, de auge, de decrecimiento y de crisis, los cuales no pueden extenderse indefinidamente.
Apunta que las señales de que la economía mundial se apresta a ingresar a una nueva etapa sobran, y se refiere al hecho de que el dólar esté revirtiendo la tendencia a la devaluación frente a monedas locales de países asiáticos y europeos, y a la neutralización de la tendencia alcista del precio del petróleo.
Advierte que la señal más inequívoca de que la economía mundial está concluyendo un ciclo boyante, es la caída en los precios de los minerales, fenómeno que debería preocupar a todos.
Manifiesta que no sólo el empresariado privado debería alarmarse por la sostenida depreciación de los minerales, sino el propio Gobierno, en vista de que las ventas al exterior de hidrocarburos y minerales representan el 70 por ciento del valor total de las exportaciones bolivianas.
Siendo más específico, indica que sólo las despachos al exterior de minerales representan casi la cuarta parte (unos 1.200 millones de dólares) de los ingresos que percibe el país por sus exportaciones.
Rodríguez estima que las ventas al exterior de los minerales representan casi la cuarta parte del valor total de las exportaciones del país, que el pasado año ascendieron a cerca de 4.800 millones de dólares.
Sin embargo, aclara que el significativo incremento de los ingresos por las exportaciones de minerales ha sido resultado casi exclusivo de los altos precios internacionales para su venta, pero no así de una mejora en términos de volumen.
Dice que el mejor ejemplo de esta coyuntura de precios altos ha sido el del estaño, que ha llegado a cotizarse hasta en 11 dólares por libra fina, cuando en otras coyunturas apenas alcanzaba por 2,5.
"En la medida en que esta situación se consolide y los precios vayan a la baja, en el sector minero se van a presentar fuertes problemas", afirma, aclarando que al mencionar al sector minero no sólo se refiere al privado, sino también al estatal.
El economista apunta que la experiencia ha demostrado que la economía boliviana suele andar exitosamente mientras goza de precios internacionales favorables para sus materias primas, pues, cuando esto ya no es así, empiezan los problemas de competitividad que se traducen en subsidios para el sector minero.
Advierte que esta tendencia hacia la creación de subsidios repercute, a su vez, en la economía del Estado, generándole déficit que se traduce en otras tantas dificultades económicas.
Manifiesta que se generaría un problema adicional para los productores mineros si el costo del estaño apenas supera los 5 dólares por libra fina, pues el mineral boliviano bien podría ser reemplazado por el estaño producido a costos menores en países del Asia.
Ciclos económicos
Recuerda que la economía mundial se ha mantenido boyante durante los últimos cinco años, con tasas de crecimiento superiores al 5 por ciento, favoreciendo particularmente a países exportadores de hidrocarburos y minerales como Bolivia.
Sin embargo, aclara que la economía se desenvuelve por ciclos, habiendo los de expansión, de auge, de decrecimiento y de crisis, los cuales no pueden extenderse indefinidamente.
Apunta que las señales de que la economía mundial se apresta a ingresar a una nueva etapa sobran, y se refiere al hecho de que el dólar esté revirtiendo la tendencia a la devaluación frente a monedas locales de países asiáticos y europeos, y a la neutralización de la tendencia alcista del precio del petróleo.
Advierte que la señal más inequívoca de que la economía mundial está concluyendo un ciclo boyante, es la caída en los precios de los minerales, fenómeno que debería preocupar a todos.
Manifiesta que no sólo el empresariado privado debería alarmarse por la sostenida depreciación de los minerales, sino el propio Gobierno, en vista de que las ventas al exterior de hidrocarburos y minerales representan el 70 por ciento del valor total de las exportaciones bolivianas.
Siendo más específico, indica que sólo las despachos al exterior de minerales representan casi la cuarta parte (unos 1.200 millones de dólares) de los ingresos que percibe el país por sus exportaciones.