Lidia, de policía en la Llajta a ser árbitra en la Simón Bolívar y soñar con la insignia FIFA
La historia de la mujer de pollera se dio a conocer a través de un reportaje realizado por el suplemento deportivo 321 Sports.
La inclusión de la mujer en el deporte rey cada vez es más frecuente. Y Bolivia no es la excepción. El mejor ejemplo es Lidia Chura, de 25 años, la primera árbitra de vestimenta originaria que vive su día a día entre el estudio, el trabajo en su salón de belleza y su uniforme de jueza de fútbol.
La mujer dirige actualmente partidos de la Copa Simón Bolívar, en partidos de la categoría femenina y masculina, aunque comentó que su sueño es llegar a la División Profesional y poder ser parte de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) para viajar a otros países.
Sin embargo, no todo fue fútbol en sus inicios. Primero tenía pensado estudiar una ingeniería, pero por consejos de su padre se fue a Cochabamba para trabajar en la Policía Boliviana.
Durante su desempeño en las fuerzas del orden, Chura se formó en el mundo de la cosmetología, factor clave en su vida. Hubo un momento en su formación como agente en en el que tenía que pasar pruebas físicas, por lo que decidió ponerse en forma.
Así fue como su vida aterrizó en el mundo de los árbitros, ya que le aconsejaron que entrenara con los jueces.
Inmediatamente la joven se fue enamorando del deporte rey y empezó a dirigir partidos de la tercera categoría en La Paz durante los fines de semana.
Tiempo después volvió a La Paz, donde se dedicó a fondo al arbitraje, empezó a estudiar Trabajo Social y abrió su salón de belleza, negocio en el cual trabaja en las semanas y que le ayuda a sustentarse.
“Soy árbitra central, tengo partidos en la Simón Bolívar Sub-20 masculina y fui cuarta árbitra de la Simón Bolívar mayores. Quisiera ser árbitra FIFA como la profesora Shirley Cornejo, tener mucha experiencia y poder dirigir internacionalmente”, contó al medio deportivo 231 Sport.
Chura aclaró que, lastimosamente, no puede usar su vestimenta originaria en los encuentros, pues se le dificulta dirigir de forma óptima.
“Mi mamá es de pollera y cuando puedo estoy de cholita, pero dirigir de pollera es llevar mucha cosa. Me gustaría dirigir de pollera, pero sería bien difícil”, contó.