Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 18:18

Woody Allen: “La idea de que abusé de mi hija de 7 años era tan absurda que nunca hablé de ello”

El cineasta Woody Allen.    FUENTE- ARCHIVO
El cineasta Woody Allen.    FUENTE- ARCHIVO
Woody Allen: “La idea de que abusé de mi hija de 7 años era tan absurda que nunca hablé de ello”

Reproducimos una entrevista que tuvo el periodista Álex Vicente del diario español El País con el director Woody Allen, tema de conversación en los últimos meses, principalmente por su libro de memorias “A propósito de nada”. El lanzamiento original del título fue cancelado por la editorial Hachette, quien prefirió rechazar el proyecto por la polémica de abuso sexual que rodea a Allen, por lo que terminó siendo publicada por la independiente Arcade Publishing.

En esta conversación, el retratista fílmico de Nueva York, habla sobre las acusaciones de abusar a su hija Dylan, la tormentosa relación con Mia Farrow y cómo se ha convertido en un prodigio del cine a una “paria” en Hollywood.

P: ¿Por qué escogió un título como A propósito de nada? Para usted, ¿su vida equivale a la nada?

R: Nadie necesita mi libro. Relatar mi historia no es relevante ni importante. Tal vez pueda ser de interés para algunas personas, o tal vez no…

P: Alguna importancia tendrá, si decidió publicarlo.

R: No, no la tiene. La verdad es que me han pedido que escriba la historia de mi vida desde el comienzo de mi carrera. De repente, me encontré en casa sin nada que hacer, a la espera de empezar a trabajar en mi próximo proyecto, así que decidí escribirlo. Espero que la gente lo encuentre informativo y entretenido, que se diviertan leyéndolo.

P: No todo el libro es divertido. En realidad, es difícil de leer…

R: ¿Lo dice porque le costó entenderlo?

P: No, lo digo porque relata cosas incómodas.

R: La vida humana tiene dimensiones distintas y, claro está, no todo lo que me ha sucedido es divertido. En cualquier vida humana hay una parte trágica y yo no soy ninguna excepción.

P: En este libro hace algo que, durante años, evitó: alzar la voz y defenderse. ¿Por qué ahora?

R. Ante todo, quiero aclarar que no tengo la sensación de haberme defendido. No necesitaba ninguna defensa. Escribí la historia con objetividad. He usado citas de otras personas: los investigadores, los médicos, los jueces, los testigos. Nunca me incluí a mí mismo. Al sentir que no necesitaba una defensa, quise escribir la historia de manera objetiva y dejar que el lector llegase a sus propias conclusiones. No quería entrar en el “él dijo, ella dijo”. Esta no es mi versión, sino la versión del investigador, el psiquiatra y la asistenta doméstica. Ojalá no hubiera ocupado todo ese espacio, pero para contar mi historia al completo también debía incluir esta parte.

P: Durante años, calló. ¿No cree que su silencio hizo aumentar las dudas sobre su versión?

R: Sí, puede que tenga razón, pero no me importó. Cuando eres inocente, esas cosas no te importan. No quise perder el tiempo pensando en eso. No sentí que le debiera una explicación a nadie. La investigación concluyó que no había hecho nada, así que me centré en mi trabajo y en mi familia. Pensé que era una pérdida de tiempo dar entrevistas en televisión o escribir artículos. Pero, para responder a su pregunta: sí, tal vez mi silencio hizo que la gente dudara, que pensara: “¿Por qué está tan callado?”.

P: De ser un ídolo, dice que ha pasado a convertirse en “un paria”, como se define en el libro, tras la irrupción del MeToo y la nueva acusación de Dylan.

R: Sí, pero yo no lo he vivido como algo difícil. Cuando todo eso sucedió, simplemente seguí trabajando. Estaba en todos los periódicos, pero los demás se interesaban por ello más que yo mismo. Era un sinsentido que alguien creyera que había hecho algo así a mi hija de 7 años, que hubiera podido abusar de ella de cualquier forma. La idea era tan absurda que nunca hablé de ello. Trabajé y seguí trabajando, y nunca me importó. Era solo cosa de los tabloides, que en el fondo viven de eso…

P: ¿No cree que va mucho más allá? Amazon ha suspendido su acuerdo de producción y distribución, el grupo Hachette se negó a publicar su libro, las universidades dejan de estudiar sus películas y muchos actores ya no quieren trabajar con usted.

R: En teoría tiene toda la razón, porque todo eso es cierto. Pero, en la práctica, no ha tenido ningún efecto. La editorial rechazó el libro, pero 15 minutos después tenía otra que estaba dispuesta a publicarlo. Amazon me dio la espalda, pero pude rodar otra película poco después. Todo eso no me ha impedido seguir trabajando ni que la gente siguiera viendo mis películas. Es cierto que algunos actores me dijeron que no querían trabajar conmigo en Rifkin’s Festival, la película que rodé en San Sebastián. Pero no pasó nada: simplemente encontré a otros. Si nadie quisiera trabajar conmigo y nadie quisiera ver mis películas, tal vez me afectaría. Pero eso no es lo que ha sucedido…

P: En los últimos años, algunas de sus declaraciones han sido interpretadas como provocaciones. Por ejemplo, cuando en 2018 dijo que el Me Too debería adoptarle como un símbolo. ¿Lo lamenta?

R: No, claro que no. Encarno todo lo que el MeToo quiere conseguir. He empleado a cientos de mujeres delante y detrás de la cámara [106 actrices en papeles protagonistas y 230 como responsables de departamentos técnicos, según precisa en el libro]. Siempre he pagado exactamente lo mismo a hombres y mujeres. En más de 50 años, ni una sola actriz o miembro de uno de mis equipos ha dicho una sola palabra negativa sobre mí. No he recibido una sola acusación de discriminación o de acoso de cualquier tipo. Si todos los hombres se hubieran comportado como yo, el movimiento ya habría alcanzado sus objetivos…

P: En su libro se manifiesta en contra de la “Policía de lo Apropiado” y hasta insinúa que vivimos un nuevo macartismo. ¿Es comparable?

R. No, la era McCarthy fue mucho peor. Entonces existía una lista negra formal, se impedía a la gente trabajar para cualquier estudio o cadena. A algunos los mandaban a la cárcel, pese a no haber hecho nada que no estuviera contemplado por sus derechos constitucionales, y otros se suicidaban saltando del tejado. Ahora no tenemos nada parecido. Hay gente que se enfada en las redes sociales, pero no es lo mismo que la era McCarthy, cuando existió algo peligrosamente parecido a una policía de Estado…

P: “Todo lo que puedo hacer es esperar que la gente entre en razón”, declaró hace unos días a The Guardian. ¿Es eso posible?

R: Nunca harán eso. Es como aquellos mitos terribles sobre los judíos, aquellas ideas delirantes que permanecieron durante cientos de años en la conciencia colectiva. No quiero compararlo, porque aquello fue horrendo y mortífero, pero una vez que manchan tu nombre, una vez que alguien te acusa de algo una y otra vez, deja de importar que seas inocente o culpable. La mancha se queda. Pero, como decía antes, todo eso no me importa. Cuando me muera, no podré preocuparme por esas cosas. Si alguien quiere pensar que soy la peor persona sobre la faz de la tierra, será irrelevante, porque ya habré sido desterrado de la existencia. Lo que piensen los demás no tiene mucha importancia. Pero, para responder a su pregunta, no creo que la gente vuelva a sus cabales sobre este caso.

P: “He tenido que pagar un precio muy grande por amarla”, escribe, pese a todo, en el libro.

R: Sí, pero ha merecido la pena. La gente me decía que cómo podía estar con alguien mucho más joven… Era la hija de Mia y luego terminé siendo falsamente acusado. Me ha dado una mala imagen, pero eso no significa nada para mí. Tengo una relación maravillosa con Soon-Yi y no la cambiaría por nada.