Propuesta de diálogo inter-musical

Villegas: una carrera que después de 30 años continúa dando frutos

Rodrigo %22Grillo%22 Villegas en escenario. / Noelia Canasa
A pocas semanas de sus conciertos en la Llajta, el artista habla del proyecto paralelo que lo sumergió en este encuentro de partituras y ritmos populares: Grillo Villegas Octeto.

Han pasado buenos años desde aquella temprana visita de Rodrigo “Grillo” Villegas a la ciudad de Cochabamba, una que el ex Llegas recuerda como un momento esencial en la expansión de su carrera post Lou-kass.

“Yo iba a bolichitos pequeños en la España y Ecuador, en la época en la que la noche cochabambina ocurría ahí, y yo iba con mi guitarra acústica y nada más, y no sé si me confundieron con algún tipo de trovador, pero ese formato de solo mi voz con la guitarra gustó mucho”, relata el que ahora se sitúa entre las figuras fundamentales de la historia del rock boliviano.

Más de 30 años de carrera, 20 álbumes e incontables conciertos después, el Grillo se permite más compañía que la de un laúd.

Oyente consuetudinario de música de orquesta —desde la Sinfónica Nacional en La Paz hasta la Filarmónica de Buenos Aires, a cuyos ensayos asistía durante su estadía en la capital argentina— se vio cada vez más seducido por la idea de integrar las vibraciones de las cuerdas de los violines con las de sus míticas canciones, con aún mayor intensidad de la que evidenció su disco “Hermetismo”.

Decidido a plasmar el proyecto, buscó a las músicas y músicos que lo harían posible. Y los halló. 

En noviembre del 2022, Grillo Villegas Octeto se presentó en dos teatros de la sede de gobierno, con una acogida tal —entradas agotadas y clamores por una tercera fecha— que parecía egoísta no compartir con el resto del país la experiencia de este brillante ensamble, del cual el Grillo se muestra particularmente orgulloso.

“Por ejemplo, Vania Andrea García, cochabambina, del Laredo, es la guía de violonchelos de la Orquesta Sinfónica Nacional”, señala, sin olvidar a las violinistas Andrea Benavides y Pamela Durán, y Hadit-Sol Bustos Zenteno, encargada de la viola.

Junto a él, el cuarteto “villero” lo completan Mauricio Cardona, “también cochabambino, también del Laredo” —que está junto al Grillo desde el 2017— Heber Peredo, “que para mí es uno de los mejores”, y la talentosa cantante y tecladista Lucía Leyes.

Entre las siete ciudades que "Teoría de Cuerdas" incluirá, no podía faltar, pues, la Llajta, donde se presentarán el 13 y 14 de mayo en el Teatro Laredo. Las entradas (80 bolivianos, platea) ya pueden adquirirse en la tienda Tuc Tuc (Huper Mall, segundo piso) y en la Boutique Mili (Av. Ayacucho entre México y Mayor Rocha).

“Amo tocar en Cochabamba, y no es una frase hecha, proselitista, que digo en cada ciudad”, admite, haciendo un guiño al público con el que han desarrollado “un cariño mutuo”. “Cuando grabé el disco Espejismos en el Teatro Municipal, que era solo acústico, con la guitarra, ese disco en vivo explotó en Cochabamba”. 

SHOW En las presentaciones del próximo mes, incluirá temas simbólicos de su repertorio, así como composiciones originales con arreglos únicos, interludios e introducciones. 

“Estoy presentando música nueva”, enfatiza, con la vehemencia del artista que se mantiene creando y recibiendo el calor de sus seguidores.  “Tengo que agradecerlo mucho (…) es algo que podría traducirse, y eso es lo lindo, en muchísimos años de trabajo”.

Pasado septiembre —mes en el que el octeto concluye la gira— prevé cuatro conciertos especiales con su banda permanente. Así, descarta lanzar nuevo material este año, pero no prepararlo. “En mi cabeza tengo una disyuntiva ahora, porque tengo canciones para grabar, pero estoy pensando que esto del Octeto merece un disco”, que espera publicar el 2024.

Una artista que acompaña a Grillo con el proyecto musical octeto. / Noelia Canasa

VIAJE GENERACIONAL “Siendo yo jugador de la liga nacional, es muy difícil que pueda ofrecer una crónica, o un diagnóstico de lo que está pasando actualmente”, argumenta el Grillo, cuando se le pide una evaluación del panorama post-pandémico de la movida musical en nuestro país.

Pese a que se abstiene de erigirse como un crítico infalible, entiende que su opinión tiene valor, el que ha conseguido al mantenerse vigente después de décadas de producir música nacida de la autenticidad.

“Cada generación responde a su contexto histórico; lo que sí veo es que hay cosas que me parecen buenas, pero no está creciendo la escena”, se anima a notar, en referencia a los debates alrededor a las nuevas expresiones musicales que demuestran lenguajes, sonidos, y estilos propios; y también, a la transformación de la atmósfera de “las tocadas”.

“Una gran parte del trabajo del músico es crearse un público, que lo sigue, que va y paga una entrada para verlo, y yo no veo una escena joven, nueva creciente; veo músicas y músicos, y grupos, grabando y sacando material, en las plataformas, pero lo que me gustaría es que tengan más conciertos, con públicos”, reflexiona, reconociendo que aunque tiene unas cuantas lecciones para los que empiezan, son ellos los más hábiles en este cambiante contexto.

En las presentaciones, Villegas se ve inmerso en esta red generacional; están los que lo acompañaron desde casi el inicio y los que conocieron su música después. Y las nuevas tecnologías lo reúnen con aquellos que probablemente no lo hubieran encontrado de otra manera. 

“Yo tengo muy claro que juego en una liga nacional, y para esos parámetros, realmente me ha ido muy bien en las plataformas digitales, lo que me parece muy interesante es el crecimiento, es decir, tengo discos de muchos años, algunos que están cumpliendo 25 años”, indica, entusiasta porque las métricas muestran una subida en las curvas de oyentes.

¿Su música se adaptó a los singulares gustos de los consumidores de hoy? No necesariamente. “Nunca he escrito complaciendo los vientos de moda, las canciones del verano, ni he buscado el hit o el éxito de la radio, ni la canción pegajosa…creo que sembrar eso, años después, está rindiendo frutos ahora”.