"Utama" aspira a ser considerada para Óscar a película internacional

Una escena de la película "Utama", en la zona andina de Bolivia. CORTESÍA
El filme de Alejandro Loayza es tomado en cuenta, junto a otras 91 cintas de habla no inglesa, para la selección previa a la lista de nominados que competirán el 2023.

La película boliviana "Utama" puede ser pre seleccionada como Mejor Película Internacional en la 95ª edición de los premios Óscar.

Por medio de un comunicado, la academia norteamericana develó ayer extensas listas de producciones que aspiran a la pre selección de tres candidaturas: Mejor Película de Animación, Mejor Película Documental y Mejor Película Internacional.

Las cintas aspirantes ya fueron proyectadas en sus respectivos países entre el 1 de enero de 2022 y el pasado 30 de noviembre.

La lista de 15 pre seleccionadas se anunciará el 21 de diciembre, y la selección final de cinco nominados, el 24 de enero del próximo año. La ceremonia de premiación tendrá lugar el 12 de marzo de 2023 en el Teatro Dolby en la ciudad de Los Ángeles.

En el apartado dedicado a las cintas de habla no inglesa se encuentran 92, una menos que en las tres ediciones anteriores. Por el Óscar al Mejor Documental compiten 144 películas mientras que en la categoría de Animación se han registrado 27 entradas.  El año pasado, los filmes ganadores en dichas categorías fueron "Drive My Car", "Summer of Soul", y "Encanto", respectivamente.

En la actual carrera, se encuentran obras como los largometrajes animados "Pinocchio", de Guillermo del Toro junto a Mark Gustafson, "Luck", de Peggy Holmes, "Lightyear" de Pixar, y "Minions: The Rise of Gru”.

En la categoría a largometraje documental, destacan los trabajos de los mexicanos Rodrigo Reyes con "Sansón y yo" y Natalia Almada con "Users", ambas coproducciones México y Estados Unidos. Además de títulos como "Hallelujah: Leonard Cohen, a Journey, a Song" de Dayna Goldfine y Dan Geller o “Freedom on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom” de Evgeny Afineevsky.

MEJOR PELÍCULA INTERNACIONAL

Los 92 largometrajes internacionales enfrentan una dura competencia, ya que entre ellas están realizaciones de cineastas consagrados: “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades” de Alejandro G. Iñárritu (México) y "Argentina, 1985" de Santiago Mitre (Argentina).

Otros títulos latinoamericanos son: “Blanquita" (Chile), "Los reyes del mundo" (Colombia), "El empleado y el patrón" (Uruguay), “Marte Um” (Brazil), “Domingo y la niebla” (Costa Rica), “Lo invisible” (Ecuador), “Bantú Mama” (República Dominicana), “El silencio del topo” (Guatemala), “Cumpleañero” (Panamá), “Eami” (Paraguay), “El corazón de la luna” (Perú) y “La caja” (Venezuela).

Y en esta reñida carrera aparece "Utama", la película boliviana del paceño Alejandro Loayza, que ya consiguió importantes premios en los festivales internacionales de Sundance (Estados Unidos), Toulouse (Francia) y Beijing (China). 

Además, fue galardonada por Mejor Dirección, Mejor Música y Mejor Película Iberoamericana en el festival de Málaga, tres premios en Guadalajara y el Premio del Jurado y de la Crítica, tanto en Chipre como en Transilvania.

En una conferencia de prensa desarrollada ayer en el Hotel Nacional de Cuba, una de las sedes de la edición 43 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, su director, Alejandro Loayza destacó que "Utama" ha permitido a su pueblo mirarse y encontrar las cosas que los unen y los hacen únicos.

“Bolivia es un país multiétnico, donde hemos logrado convivir entre tantas culturas y por eso mismo hay una búsqueda constante de las raíces y hay un cine tratando de indagar sobre esos temas”, apuntó.

Sobre la experiencia del rodaje, llamó la atención sobre el vínculo establecido con comunidades del altiplano, sus problemas y culturas.

En el filme, los protagonistas, dos ancianos que hablan quechua y no son actores, sino personas que habitan en la región de Potosí, sufren una grave sequía, lo que los pone en la disyuntiva de migrar como el resto de la comunidad o quedarse a sobrevivir.

Según Loayza, a través de "Utama" le interesaba mostrar la relación campo-ciudad, los procesos migratorios, el uso del quechua en el país, además de muchas otras preocupaciones relacionadas con la realidad nacional. La cinta, que contó con fondos de promoción de Bolivia, Uruguay y España, se rodó en 2019 y fue coproducida también por la comunidad indígena potosina de Santiago de Chuvica.