Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de diciembre de 2021
  • Actualizado 15:12

LLEGÓ DE ARGENTINA HACE MÁS DE 50 AÑOS Y PROMOVIÓ LA DANZA

Muere el Maestro del ballet en medio de la soledad y el abandono

Nelson Silvestri luchó por mucho tiempo para recuperar su salud. Estuvo sin seguro médico, sin dinero y sin familia, pero la solidaridad de algunas personas le permitió tener una vida digna estos últimos años. 
 
Muere el Maestro del ballet en medio de la soledad y el abandono

La muerte en tiempos de coronavirus se da en medio de soledad y abandono. 

El argentino Nelson Silvestri ya no tuvo fuerzas para seguir luchando. Una fibrosis pulmonar acabó con su vida a los 79 años. Pasó seis días en terapia intensiva, inconsciente y lejos de todo lo que amaba y por lo que se quedó en el país. 

Su partida provocó un gran dolor en sus alumnos, a quienes dejó su mejor herencia, la técnica de la danza clásica que lo consolidó como el primer bailarín de la Compañía de Ballet Estable de Tucumán y del ballet oficial de Bolivia. Fue uno de los jóvenes que lo admiraba quien lo acogió en su casa, cuando lo vio dormir en la calle y le dio la oportunidad de volver a enseñar, lo que para él era como “volver a vivir”.

Luchó por recuperar su salud, pero tenía todo en contra. No pudo nacionalizarse como boliviano ni lograr un seguro. La enfermedad fue avanzando hasta que le cobró su último suspiro. Sin dinero y solo viviendo de la solidaridad de los demás, sobrevivió más de siete años. 

Pese a esto no dejó de luchar. Se resistió a perder su patrimonio y se enredó en un lío judicial ante la negativa de su familia de darle lo que le corresponde, pero no pudo disfrutar de nada de lo que forjó a lo largo de su vida. Su salud se fue dañando más.

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SU PERFIL Silvestri fue uno de los primeros maestros de ballet de Bolivia. Promovió hace más de 50 años la danza clásica, por invitación de la embajada de Argentina, que gestionó su llegada para enseñar las diferentes técnicas que lo hacían un referente en su país.

En Bolivia fue asesor del Instituto Boliviano de Cultura y funcionario del Concejo Municipal de Cochabamba.

Fue considerado un valor artístico en el país.

Quienes lo conocieron destacaron sus mensajes que les contagiaron esa pasión por la danza.

“Me enseño que el ballet debe ser amado con el alma, no con el corazón porque el corazón muere, en cambio el alma es eterna”, dijo una de sus alumnas. 

Los buenos consejos que solo una persona de experiencia puede darlos, destacaron también en el último adiós en su perfil de Facebook. 

Así como pasó sus últimos años, en medio de la soledad y el abandono de sus seres queridos, también lo hizo en su velorio y en el cementerio por las restricciones de la cuarentena total.