El lucrativo y oscuro negocio de los curanderos en Mauritania

Nuakchot/EFE



Angustiados ante la falta de resultados de la medicina convencional, un gran número de mauritanos recurre habitualmente a charlatanes y curanderos para tratar de encontrar un remedio a sus problemas físicos y, a veces, hasta para descubrir a un marido infiel.

Bajo la apariencia de píos musulmanes, algunos de estos santones utilizan prácticas ancestrales propias de los ritos animistas, en un país que es un cruce de caminos entre la cultura arábigo-musulmana y el África negra.

Una de estas curanderas es la nigeriana Haya Okiki, quien, instalada en un barrio popular de Nuakchot, afirma poder curar el mal de ojo, la esterilidad, infecciones uterinas, impotencia, asma, diabetes, migrañas, paludismo, y un largo etcétera.

Esta mujer, que heredó el oficio de su padre, recurre a la magia cuando el paciente es incapaz de describir su enfermedad o no presenta síntomas claros.

Para ello arroja los 16 "cauris" (unas conchas marinas que anteriormente se utilizaban como monedas en Guinea) y emite su juicio: si alguno de los "cauris" cae sobre otro, al enfermo le espera la curación; si, por el contrario, un "cauri" cae pegado a otro, mal augurio para el paciente.

Para realizar su diagnóstico, también se vale de una especie de rosario, compuesto por cien cuentas, que el paciente debe coger al azar, y el número de cuentas entre ese lugar y el extremo de la cadena determina la enfermedad que padece y el tratamiento que debe seguir.



Antídotos



Hierbas, hojas de árboles, semillas y trozos de madera, importados de Níger o recogidos por su padre, son los ingredientes básicos para la preparación de sus variados antídotos, como una poción para acabar con la impotencia sexual.

El precio de estos remedios es un secreto que se niega a revelar Okiki, quien sólo explica que una consulta cuesta mil uguiyas (unos tres euros).

Entre sus mayores clientes hay muchas mujeres que buscan marido o que se quejan de que sus futuros esposos las visitan en forma de "yín" (demonios) en sueños, lo que normalmente es reflejo de la infidelidad de los hombres hacia sus prometidas, según Okiki.

Estas complicaciones se solucionan, sencillamente, con jabón: Una pastilla artesanal con poder especial para cazar a los demonios, y otra para atraer al hombre conveniente lo más rápido posible.

Las prácticas de curanderos como Okiki no ha conseguido, sin embargo, desprestigiar a otras formas de medicina tradicional, no tan heterodoxas, que gozan de gran predicamento en el país y que han llegado a atraer a enfermos de otros países.

Desde úlceras y reumatismos hasta impotencia sexual, obesidad y diabetes son tratados en clínicas que practican métodos naturales como la que regenta Mohamed Uld Owva en Nuakchot, que fue fundada por su bisabuelo y en la que se han formado generaciones de practicantes tradicionales.