Isabel Solís, una líder indígena en las luchas antipatriarcales y feministas

Isabel Solís, activista de Guatemala. YOUTUBE
La activista será parte de una mesa redonda que abordará esta temática y está programada para las 18:00. La transmitirán por el Facebook de CLACS NYU.

La activista Isabel Solís, quien se identifica como Maya Sakapulteca, llevará a una mesa redonda virtual toda su experiencia en luchas por la defensa de la vida y la emancipación.

El evento denominado “Luchas antipatriarcales y feministas en América Latina” está programada para las 18:00 de este marte 6 de diciembre.

Antes de este evento, la periodista y escritora canadiense Dawn Marie Paley habló con Isabel Solís y recogió algunas de sus ideas cultivadas en años de activismo social.

Solís nació en Guatemala a inicios de la década de los 70 y desde su juventud se involucró en movimientos y luchas por la emancipación y la defensa de la vida y de los territorios comunales en su país.

Uno de los recuerdos más crudos de su niñez se remonta a principios de los años 80, cuando militares del Ejército de Guatemala de ese entonces convocaron a las familias de la comunidad a salir de sus casas dejando las puertas abiertas. Lo que siguió fue una masacre de más de 15 adolescentes, uno de ellos un primo de Solís, de 13 años de edad.

“No pararon los secuestros de mujeres, de hombres, sobre todo jóvenes, después igual pasó con mis hermanos y con mi papá”, recuerda Solís, en referencia al tiempo en el que ellos les fueron arrebatados, después de que trataron de conseguir un permiso otorgado por el ejército para salir de la comunidad. 

Posteriormente, Solís se formó como maestra, pero también buscó vincularse con las luchas y resistencias, en parte por las actividades de búsqueda que su madre había iniciado a raíz de los secuestros.

Solís empezó a militar con el Comité de Unidad Campesina (CUC) a finales de 1980, llegando a colaborar con su construcción. De ahí, participó como co-fundadora de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC) motivada por otros jóvenes que estaban convencidos de la lucha por la tierra, organización en la que participó hasta el 2003. 

Desde entonces viaja atravesando Guatemala, apoyando de manera directa a activistas, en su mayoría personas mayas criminalizadas y presos políticos.

Para el momento de esta entrevista, ella regresaba de una audiencia de un proceso penal contra don Eduardo Bin, hombre Maya Q’eqchi acusado por su trabajo organizativo en el departamento de Izabal. 

PREGUNTA (P): Para empezar, quisiera preguntarte, ¿cómo podemos entender los efectos del conflicto interno en Guatemala sobre la vida comunitaria?

RESPUESTA (R): Afectó bastante (…) antes de eso había comunidad, mucha colectividad, por ejemplo, en la siembra, se unían familiares o ramas de familia para hacer cada cosa incluso la construcción de las casas algo así como aún veo yo en esta región, lo viví antes de la guerra interna. Y todo eso se rompió. Ahorita el trabajo colectivo ya es mínimo, es bajo el esquema salarial. 

P. En 1996 se firmó la paz en Guatemala. ¿Cómo cambió esto el ámbito de lucha?

R. Había un grupo que analizaba los acuerdos de paz y su contenido como tal. Uno de los temas que nos pareció muy preocupante es el tema de la tierra y los pueblos indígenas. Lo solucionaba vía mercado, y fuimos muy críticos con eso.

Dijimos que los acuerdos de paz no venían a solucionar nuestros problemas y que por lo tanto las manifestaciones—en cuanto a la recuperación de la tierra y la lucha por la tierra—seguían de pie. No paramos, yo recuerdo que uno de los casos que era muy candente en aquel momento era una comunidad que estaba recuperando Pampas del Horizonte, es de Quetzaltenango, eso fue como el motor en ese momento de la lucha por la tierra. 

Yo estuve en el parque cuando fue la actividad final de los acuerdos de paz, venía de mi comunidad, hasta traíamos tamalitos y nos sentamos a comer ahí porque todo el mundo estaba esperanzado y felices. Pero en el tema de la tierra no seguimos la lógica, y en varias organizaciones siguieron la lógica de los acuerdos de paz. Y nos decían: “Ustedes están jodiendo los acuerdos de paz”, casi que nos echan la culpa de la falta de cumplimiento de los acuerdos. 

Eso creo que se reflejó un poco más cuando ya empezaron a aparecer los proyectos extractivos en las regiones, la primera fue (en el departamento de) San Marcos y luego siguieron en otras regiones. 

Las comunidades afectadas levantaron la resistencia contra los proyectos extractivos, y las organizaciones estaban entusiasmadas con los acuerdos de paz, lo que en realidad fue la implementación de migas de proyectos para adormecer a los grupos dentro de las comunidades, o simplemente solo fueron discursos, mientras las resistencias se estaban dando en las regiones. La represión se daba precisamente en esos lugares de resistencia, algo como lo que está pasando ahora solo que quizá un nivel un poco menos visible.

Los acuerdos de paz para mí eran una trampa, para quitar la fuerza, apaciguar e invertir el capital a través de extracciones de recursos.

Van quitando la tierra y la pobreza va en aumento. Pero eso fue central y la salida que se le dio fue el mercado de tierra. ¿Por qué tengo que comprar la tierra, que a mí me la robaron? Los acuerdos de paz tenían que dar respuesta al despojo histórico, restitución de las tierras a los pueblos indígenas.

Hubo una etapa en que se redujo el número de militares y pero los militares pasaron a ser policías y pasaron a ser seguridad privada de muchas propiedades, sobre todo en la región de Izabal. Hablo de esta región porque es la que más conocía en esa época.

Con respeto a los pueblos indígenas, los acuerdos de paz lo discuten de forma muy superficial. Está bien. Yo no digo que no está bien. Está el tema de reconocimiento del idioma, reconocimiento de los trajes, o sea, eso es interesante, pero no puedo vivir hablando de mi idioma, usando mi traje en el aire. El pueblo debe ser respetado en su totalidad.  

P. Estamos educados para creer que el Estado siempre ha sido, siempre va a estar y es el único de cambio que puede existir. ¿Qué otras formas de organización existen actualmente en Guatemala?

R. No existe una forma de organización general, como país no existe, porque el país está estructurado de acuerdo al interés del capital. Pero las otras formas de organización son de las comunidades Q’eqchi, Quichés, Kakchiqueles, Mames, Q'anjob'ales, etc. 

Hay otras formas de organización que no impliquen una forma de organización represora, sino que es más administrador de la vida comunitaria. Lo que explica Gladys Tzul es en su libro me parece que eso debería ser las formas, me pasa en la mente: ¿por qué no usamos ese mismo esquema a nivel nacional? 

Un día, ella plantea esa idea, en un grupo de organización de mujeres; cuando todos empezaron a hablar del tema la corrupción, que con Jimmy (Morales) no funcionó, que cuando se sacó Otto Pérez Molina, el movimiento social estuvo interesante pero luego no funcionó. Bueno, este presidente es igual. 

Y les digo: pero ¿por qué no pensamos otra forma? ¿Por qué no vamos al modelo comunitario? Replicado a nivel nacional, por ejemplo, una cuestión de consejos donde estén las mujeres y donde estén los pueblos, incluso pensemos que hasta el número de diputados se reduciría. 

Y si vamos a replicar el sistema de los pueblos, significaría evitar pago, todo ad honorem, llevaría entonces a evitar peleas dentro los partidos y entre partidos. ¡¿Para qué dije eso?! Me dijeron que yo estaba pensando en gente con vida resuelta, que eso es imposible. Varios opinaron que era imposible ocupar un cargo ad honorem.  

Entonces me quedó claro que los que aspiran es para ir a resolver su vida y por eso hay corrupción. Entonces se ha vuelto un círculo vicioso.  Y cada cuatro años con los mismos discursos y todos presentan un discurso de solución a los problemas nacionales. Es solo un discurso que oculta la verdad u oculta la incapacidad de pensar y hacer las cosas de otra manera.  

P. Pero quizá en otro en otro espacio, como en una asamblea comunitaria, esta propuesta puede tener mucho sentido, ¿no?

R. Sí, totalmente. Mi esperanza está en el aumento del abstencionismo, para mí es una esperanza, es una señal de que la sociedad va despertando. Pero entre más votantes hay, más dormida se vuelve la sociedad y más lejos queda la esperanza. Hasta ahora no se le da valor al abstencionismo y nadie quiere darle lectura al mismo, más bien se menosprecia.