Innumerables obras reflejan a la madre boliviana
Innumerable cantidad de obras literarias bolivianas reflejan a la madre como protagonista de cuentos, novelas, ensayos y obras de teatro. El escritor Adolfo Cáceres Romero asegura que en las obras poéticas no sólo se destacan los poetas románticos, modernistas, tradicionales, sino también los cultores de la poesía social, que cantan a la madre minera. Luego también están los arawikus quechua aimaras, como: Juan Walparrimachi, cuyo poema “Mamay”, inclusive ha asido musicalizado. Difícil olvidar la primera estrofa, que dice:
“Ima phuyu jaqay phuyu
yanayasqaj wasaykamun.
Mamaypaj waqayninchari
paraman tukuspa jamun”.
Si bien la traducción en español no logra transmitir el sentimiento original, podría aproximarse de la siguiente manera, merced a lo que Jesús Lara nos ofrece:
¿Qué nube será aquella nube,
que oscurecida se aproxima?
¿Será el llanto de mi madre
que llega convertido en nube?
Entre los poetas románticos, María Josefa Mujía, evoca varias veces a la madre; lo mismo que Ricardo José Bustamante, Néstor Galindo, Adela Zamudio, Natalia Palacios y Benjamín Blanco, para citar algunos.
Entre los poetas modernos, aparte de Gregorio Reynolds, está Jaime Canelas López, Héctor Cossío Salinas, Gonzalo Vásquez Méndez y una larga lista para enumerar.
NOVELA
Nataniel Aguirre, en la novela, “Juan de la Rosa”, comienza mostrándonos a Rosita, la linda encajera, misteriosa madre de Juanito. Luego encontramos madres admirables en “La niña de sus ojos”, de Antonio Díaz Villamil; en “Surumi”, de Jesús Lara; en “Socavones de angustia”, de Fernando Ramírez Velarde; en “La noche de la fiesta”, de Giancarla de Quiroga, por citar algunas.
CUENTO
Hablar de la presencia de las madres en los cuentos es de nunca acabar, sobre todo porque nos encontramos con madres de todas las clases sociales y de los diferentes ámbitos del país. Entre algunos de los títulos están: “La cruel Martina”, de Augusto Guzmán; “La madre”, de Saturnino Rodrigo; “K’aya kutimuy” (Vuelve mañana), de Alberto Ostria Gutiérrez; “La madre de Satanás”, de Juan Francisco Bedregal; “El hijo que nunca fue”, de María Virginia Estenssoro; “Hay un grito en tu silencio”, de César Verduguez; “Que mamá no nos vea”, de Claudia Peña.
En los libros de cuentos, Cáceres Romero muestra una serie de madres, empezando con “Copagira”, “Los golpes”, para culminar con “Cinco noches de boda” y “La Guerra del Agua”. Las madres son protagonistas de las novelas: “La mansión de los elegidos”, “Las víctimas” y “Octubre negro”, sólo en “Las Víctimas” se presenta a una madre dominadora que emerge del complejo entramado social.
Cáceres Romero refleja en sus obras literarias a las madres que pasaron por su vida. “Madres heroicas y abnegadas, empezando con la mía, dado que todo lo que soy se lo debo a ella”, asegura el escritor.
En “Copagira” hay una madre palliri, al igual que en “Golpe Cinco”. Son dos madres inspiradas en Domitila Chungara, destacada figura en el sindicalismo minero. En “Cinco noches de boda”, las protagonistas son varias madres igualmente singulares, como la madre de “La última noche de boda”. Asimismo, en las obras de Cáceres Romero hay muchas madres que emergen de personajes reales, por ejemplo en: “Noche buena”, “Bodas de Plata”, “La broma”, “El ADN de Dinora”, “Amor de madre 1” y “Amor de madre 2”.
Para Cáceres Romero, el papel de las madres no varía nunca, desde los tiempos bíblicos. El amor de Agar por su hijo está en “Génesis”; igualmente está la madre de Moisés en “Éxodo”; también es inmenso el amor de la madre de Samuel, en “1 Samuel”. También están las madres en tiempos de Salomón, la madre cananea en San Mateo y la Madre de Jesús. Tanto la poesía épica, donde sobresale “La Odisea” como la tragedia griega, especialmente con las obras de Sófocles y Eurípides, se encuentra a una serie de madres extraordinarias.
Precisamente la celebración del día de la madre se inició en la antigua Grecia; ese día se destaca por el culto a Rea, que en la mitología griega es la madre de los dioses griegos: Zeus, Poseidón y Hades. La madre actual continúa siendo heroica y sacrificada, sin distinción de su condición social. “Me basta ver a mi esposa, dedicada plenamente al bienestar de nuestros hijos, a pesar de que ya son adultos·, dice Cáceres Romero.
NARRADORAS
Bolivia tiene una serie de poetas y narradoras de buen nivel, en todas las regiones del país. Cáceres afirma que sería largo nombrarlas e injusto olvidar a alguna de ellas. Al empezar el siglo XX, la única cuentista que resaltaba en Bolivia era Adela Zamudio. En cambio, al empezar el siglo actual, se tiene más de veinte de buen nivel. Una muestra de ello está en las antologías de Manuel Vargas, Virginia Ayllón y Ana Rebeca Prada, dedicadas a la narrativa femenina. El Premio Nacional de Novela fue ganado por mujeres; el último por una chuquisaqueña, cuya obra seguramente será presentada en la Feria del Libro de Santa Cruz o de La Paz. En poesía, la cantidad es estimable, lo mismo que en estudios y ensayos dedicados a la literatura. “Después de una exitosa campaña de alfabetización, lo que ahora falta es que la misma se consolide con la lectura de libros; de otro modo nos quedaremos con una considerable masa de semianalfabetos”, afirma Cáceres.
La madre boliviana ha inspirado cantos, poemas y relatos que recopilaron algunos antologistas, como: Jesús Lara, Delina Aníbarro de Halushka, Enrique Oblitas Poblete, Rigoberto Paredes y Antonio Paredes Candia, entre otros. Por otra parte, la “Nueva Historia de la Literatura Boliviana”, de Cáceres Romero está dedicada a las literaturas aborígenes. Allí está la serie que se refiere al jukumari y la pastora, además de otros cantos y relatos en aimara, quechua, callawaya y tupiguaraní.
Biografía breve
ADOLFO CÁCERES ROMERO
Adolfo Cáceres Romero, narrador e historiador de la literatura boliviana, nació en Oruro (1937) y reside en Cochabamba desde 1956. Comenzó su carrera literaria en 1967, adjudicándose tanto el Premio Municipal de Literatura de Cochabamba, con su libro de cuentos "Galar" (1968), como el Premio Nacional de Cuento de la Universidad Técnica de Oruro, con "La emboscada", cuento que fue traducido al alemán, inglés, noruego, francés, japonés y croata. En 1982 ganó el Premio "Franz Tamayo" de la Alcaldía de La Paz, con su libro de cuentos "Entre ángeles y golpes" (2001). Ese mismo año fue finalista del Premio de la Editorial Atlántida de Buenos Aires, con su cuento "Los Ángeles del espejo". El 2010 ganó el Premio Nacional de Novela "Marcelo Quiroga Santa Cruz", con su novela "El Charanguista de Boquerón" y el 2011 el Premio Nacional de Cuento "Adela Zamudio", con "El último khipukamayu", ambos premios auspiciados por la Alcaldía de Cochabamba. También es autor del "Diccionario de la Literatura Boliviana", que ya tiene tres ediciones, y de la "Nueva Historia de la Literatura Boliviana", en cuatro volúmenes, reeditados por la Editorial Kipus; además del "Manual Práctico de Lectura y Redacción", con ocho ediciones, siendo así que la séptima fue publicada por el diario "OPINIÓN", el 2009. Igualmente tiene publicadas otras cuatro novelas y seis libros de cuentos.