Homenaje al mes del árbol desde la poesía

Sauce de la ciudad de Cochabamba. ARCHIVO
Para promover el cuidado de los árboles y el medio ambiente en el mes que se  celebra el Día del Árbol, a continuación se presenta el poema ‘Sauce’ de Carlos Antezana, ganador del primer lugar del concurso ‘Juegos Florales’ (2019), organizado por la Cooperativa de A. y C. Empetrol Ltda. 

EL SAUCE 

Carlos Antezana

Poco a poco mi vida se extingue…

De la vida poco tiempo me queda,

y antes de mi último hálito añoso

relataré mi existir silencioso…

 

Vine a la vida por la gracia de Dios, 

de la fresca y oscura tierra, emergí 

y su cálido manto de calor

del fúlgido y hermoso Sol recibí.

En tus entrañas, ¡Oh! Generosa Madre! 

Aferrado, con mis aún débiles raíces, 

pensé en morir.

Y tú, Madre Tierra:

me alimentaste y mi sed calmaste

logrando el prodigio de: 

Nacer, crecer y vivir…

 

Pasó el tiempo y crecí, me brotaron 

robustas ramas como brazos, luciendo 

orgulloso un ropaje de verdes hojas 

donde se posaban 

pajarillos, abejas y también 

hermosas y bellas mariposas. 

 

Al traerme a este mundo

debo mi vida generosamente compartir

porque Dios, con su infinito amor 

me encargó: 

no dejar a mis hermanos sufrir… 

Al amanecer, en mis coposas ramas 

los pajarillos, en sus nidales 

cantan melodiosos madrigales

agradeciendo la gracia y bondad de Dios. 

Y el Hermano Hombre también, 

cuando el Sol quemaba y la lluvia caía, 

bajo mis follajes se protegía.

Desgajaba mis ramas en invierno 

para calentar su hogar, 

que con amor yo le ofrecía

¿Qué más le podía dar?…

 

Por la gracia de Dios 

cumplo mi ciclo de vida, 

mi vida se extingue…

Hermano Hombre:

parte de mi cuerpo te lo di, 

tu vivienda Ajuando 

a los niños, también 

bajo mi sombra, cobijando

Adiós, Hermano Hombre…me voy feliz 

dejándote otras vidas, 

porque siento que de mi cuerpo

brotan más semillas. 

 

Aún sin vida, te prometo, con mis 

últimas escuálidas ramas secas

calentar tu hogar, dando calor 

con infinito amor. 

Hermano Hombre: agonizo…

Escucho el cantar de los pájaros, 

la risa alegre de los niños, 

el calor de la brisa suave

y el murmullo de los ríos

Hermano Hombre: 

Siento mi último aliento 

y me voy al infinito, 

fugaz como el viento. 

De la bondad de Dios, su encargo 

con amor cumplí, 

con los niños y los hombres 

mi vida y mi cuerpo 

generosamente compartí. 

 

Tu te quedas y yo de ida 

Hermano Hombre:

antes de mi partida 

recibe: mi último adiós 

Agradeciendo: 

¡La infinita bondad y sabiduría de Dios!