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  • Diario Digital | miércoles, 17 de abril de 2024
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Gioconda Belli recibió el Reina Sofía como homenaje a su reivindicación de la mujer

La Reina Sofía y la poeta Gioconda Belli, durante la entrega del galardón./ Manuel Ángel Laya
La Reina Sofía y la poeta Gioconda Belli, durante la entrega del galardón./ MANUEL ANGEL LAYA
Gioconda Belli recibió el Reina Sofía como homenaje a su reivindicación de la mujer

La poeta nicaragüense Gioconda Belli recibió ayer el XXXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana como un homenaje a su “temprana reivindicación de ser mujer” para oponerse a la desigualdad y las opresiones.

“Lo recibo con humildad, pero también con orgullo, porque sé que el jurado ha valorado la temprana celebración que hice de ser mujer para oponerme a la desigualdad, para reivindicar la mirada femenina, una experiencia humana que por siglos no lograba expresarse fuera de los límites que relegaban a la mujer”, expresó en su discurso de aceptación.

A Belli (Managua, 1948) le entregó el premio la reina Sofía en la Universidad de Salamanca (España). El galardón, dotado con 42.100 euros, lo organiza Patrimonio Nacional de España con esta universidad y está considerado el premio de poesía más relevante en español y portugués, con una relación de 32 grandes autores, entre los que están la poeta uruguaya Ida Vitale, el español José Hierro y el venezolano Rafael Cadenas.

Belli es la tercera nicaragüense en recibirlo, tras Ernesto Cardenal y Claribel Alegría, los tres “de un país donde el único héroe indiscutible es Rubén Darío” y donde “todo el mundo es poeta hasta que no se demuestre lo contrario”, según Belli.

“Allá se usa el título de poeta como en otros lugares el de doctor o licenciado; yo soy la poeta Belli”, contó la autora, quien denunció que el régimen de Daniel Ortega “esté tratando de aplastar ese espíritu, todo el pensamiento, que no lo hizo ni (el dictador, Anastasio) Somoza”.

Gioconda Belli vive en España el segundo exilio de su vida desde 2022, después de que en 2021 saliera de su casa en Managua para visitar a su familia en Estados Unidos sin saber que no volvería más. “Es duro el exilio, pero en España he sentido lo que más se añora en los destierros: la sensación de pertenencia. Mi barco ha pasado del naufragio a la salvación”, afirmó, para agradecer “la ternura y solidaridad” de quienes la han acogido.