Estudio: Consumo del libro en Bolivia depende del nivel de ingresos
La investigadora y gestora cultural Claudia Pacheco lleva tres años interpretando y sacando conclusiones de los datos que ofreció un inédito capítulo dedicado a cultura en el censo del Instituto Nacional de Estadística (INE). Entre los resultados, pudo encontrar que la frecuencia de consumo cultural (incluido el de los libros) depende de los ingresos económicos.
“Lo más complejo que encontré es que las personas que pueden consumir cultura son las que tienen un ingreso mayor a 4.600 bolivianos. Sin embargo, por el otro lado, están las personas que ganan hasta 1.600 bolivianos y que también gastan en cultura”, señaló Pacheco, quien presentará los avances de su estudio en una conferencia mañana, a las 16:00 horas, en el salón Werner Guttentag de la 14ava Feria Internacional del Libro de Cochabamba.
Otra información que arroja los resultados del INE son los libros que más leen los bolivianos, entre los que se pueden encontrar novela, teatro — donde Pacheco, infiere, tiene que ver con lo que se determina leer en la escuela — y, sorpresivamente, la Biblia. Del mismo modo, la manera en que el boliviano accede de manera más frecuente, es cuando lo consigue de forma gratuita.
CRÍTICA
Para la productora y gestora cultural existen algunos términos y procesos de los datos obtenidos por el INE que le parecen “arcaicos” e “impertinentes”, uno de ellos tiene que ver con la definición del concepto de consumo cultural. “Es un concepto anticuado porque únicamente habla de consumo cultural cuando se refiere a la adquisición de bienes; siempre he planteado, desde mi pensamiento, un consumo desde la gestión de la cultura y su función en el cotidiano diario”.
Pacheco crítica y cuestiona la romantización de “inversión en cultura”, ya que esta tiene que ver con la capacidad adquisitiva y con las condiciones materiales; cuando la verdadera intención y datos trascendentales serán qué rol cumple la cultura en el diario vivir o lo que “puede hacer el boliviano en sus condiciones”.
Así, identificó que la ficha para medir el consumo cultural del INE es demasiado elitista al ordenar de mayor a menor, las bellas artes primero y las artesanías en un último lugar. “Por lo que apostamos en el estudio son dos grupos de consumo, uno relacionado a la relación con la vida cotidiana, el diario, el uso de redes sociales, la educación y otro que tenga que ver con el entretenimiento”.