Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 28 de septiembre de 2021
  • Actualizado 05:34

Centros culturales autogestionados en Cochabamba estiman una pérdida de 154 mil bolivianos

Responsables de seis centros independientes cuentan las consecuencias de unas 50 actividades canceladas.
Centros culturales autogestionados en Cochabamba estiman una pérdida de 154 mil bolivianos

El confinamiento involuntario impuesto por los gobiernos para frenar la pandemia ha desvelado la vulnerabilidad de muchos sectores.  El área cultural podría ser incluida en este grupo, así lo argumentan las diferentes manifestaciones de personas afines y los intentos de las diferentes entidades estatales para tratar de dar una respuesta a esta facción y su preocupación por la nula generación económica. Países de la región como Perú, Colombia y España se encuentran en debate para encontrar las vías de incluirlos en los diferentes bonos y fondos.

Los centros culturales independientes y autogestionados de Cochabamba, aquellos que no dependen de ninguna fundación o institución, han estimado una pérdida económica de 154 mil bolivianos en unas 50 actividades (entre conciertos, talleres, presentaciones de teatro, proyecciones y programas) que se desarrollarían entre marzo y abril. Al brindar los datos, los gestores admiten que no es fácil cuantificar una cifra exacta por la variación de eventos por mes, la misma lógica de funcionamiento de los centros y que algunos no subsisten con estos ingresos. 

Los más afectados son aquellos que ofrecen clases de formación regular e ininterrumpida. Centros como la Madriguera, el mARTadero, la Escuela de Arte y Talento  y la Casa del Ekeko han tenido que cortar de manera indefinida sus clases de artes escénicas. Este último, además de paralizar las aulas de teatro, narración oral y magia, ha suspendido la temporada de la obra “Don Juan”, con funciones los fines de semana, según cuenta su coordinador, Peter Camacho.

Por su parte, el mARTadero acumula, por su carácter transdisciplinario, más de una veintena de eventos cancelados, como presentaciones de los elencos Madrasta o de Los Andes, funciones de danza de IR-Radar y conciertos; a ello se suma las tres residencias artísticas y sus correspondientes actividades posteriores que no se podrán concretizar. 

“Para un proyecto autogestionado es una dificultad, pero definitivamente la salud es lo primero, la valoración de la salud y todo lo que implica estar saludables es lo más importante, eso lo tenemos muy claro. Lo que importa es la vida, con mayúsculas”, reflxiona Fernando García, director del mARTadero.

El escenario de la Escuela de Arte y Talento. FUENTE: WILER VIDAURRE

El escenario de la Escuela de Arte y Talento. FUENTE: WILER VIDAURRE

Existen algunos casos donde la generación monetaria de los centros culturales no supone el principal medio de subsistencia. Es el caso del 8B Departamento Cultural, que tiene como gestora a Amalia Canedo, quien indica que sus ingresos provienen en su mayoría de su trabajo como productora; o de los directores de La Madriguera Carlos Bleichner y Andrés Huanca, uno profesor de teatro en el Laredo y el otro antropólogo.

Explican que la lógica de los centros en cuanto a la venta de entradas se centra mayormente en un 70% para el artista y 30% para el espacio, involucrando una cadena productiva.

Sin embargo, hay otro grupo que sí depende económicamente de estas actividades, por ejemplo, Sergio León Lozano, gestor de La Troje, espacio que encuentra mayor beneficio en sus eventos como centro nocturno, como el primer viernes de q’oa, en el que se recauda el presupuesto para el programa del resto del mes, en abril se iba a continuar el ciclo de cine Escaramuza con la presencia del colectivo Warmi Fílmica del Festival de Cine Radical.

Lo mismo sucede con la Escuela de Arte y Talentos, cuyo cierre no afecta solo a su director Wiler Vidaurre, sino a profesores y personal administrativo.  “La preocupación nuestra no termina cuando todo vuelva a la normalidad, se va prolongar durante todo el año”, manifiesta Vidaurre ante la posibilidad de cerrar el instituto durante lo que queda del 2020.

“Estamos en una situación bastante incierta. De por sí, las convocatorias ya eran un tema complejo en cuanto a actividad, con este tema se agraviará más”, opina por su parte Bleichner.

Otro problema fundamental que denuncia el sector es la falta de amparo legal e incluso cooperativo que reconozca los derechos laborales de los artistas, y a su vez no permita su inclusión en los programas del Gobierno. “No alcanzamos ni al bono, no llegamos ni a la pobre canasta que ofrece el Gobierno, no existimos en el orden laboral. El Ministerio de Culturas y Turismo tiene un registro de artistas y ellos saben quienes viven diariamente del arte”.

Se ha aplaudido las iniciativas del departamento de La Paz, “logradas a través de su ley de culturas”.

Ros Amils de La Libre, que ha tenido que detener sus proyectos editoriales de “Abuela Grillo” y otros tres libros, refiere que un bono podría ser una solución a corto plazo, pero lo que de verdad importa “es que se muestre de la fragilidad de la organización social y la urgencia de políticas culturales, para que la cultura vuelva a aflorar a partir de esta crisis”.