Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 04 de julio de 2022
  • Actualizado 17:14

Trabajadores de Sendtex viven sin salario y en carpas desde hace ocho meses

La empresa es una hilandera afincada en el municipio de Colcapirhua, a casi siete kilómetros de Cochabamba, en una zona que se destaca por la existencia de una variedad de industrias de diferentes rubros como el cementero, automotor y de alimentos.
Un grupo de extrabajadores de Sendtex vive en carpas en una calle de Colcapirhua.  (Jorge Fernández)
Un grupo de extrabajadores de Sendtex vive en carpas en una calle de Colcapirhua. (Jorge Fernández)
Trabajadores de Sendtex viven sin salario y en carpas desde hace ocho meses

Una calle polvorienta, de aproximadamente 8 00 metros de largo, en la que se puede observar vestigios de lo que fue alguna vez un empedrado precario es el hogar temporal de unos cien trabajadores de la hilandera Sendtex, quienes demandan desde hace ocho meses el pago de sus salarios, la reincorporación a sus fuentes laborales, que los ejecutivos de la empresa cumplan con el pago de los aportes a las administradoras de fondos de pensiones (AFP) y que regularicen el subsidio de lactancia.

Este centenar de trabajadores ha instalado carpas, pequeñas y medianas, a lo largo de una calle innominada, por donde transitan mayormente vehículos de alto tonelaje que traen y llevan material para las industrias que funcionan en este sector. En cada habitáculo permanecen entre dos y tres trabajadores, quienes, además de ayudar a preparar los alimentos que se cocinan en una olla común, deben cumplir turnos de guardia durante el día y la noche.

Sendtex es una hilandera afincada en el municipio de Colcapirhua, a casi siete kilómetros de Cochabamba, en una zona que se destaca por la existencia de una variedad de industrias de diferentes rubros como el cementero, automotor y de alimentos.

Estos trabajadores, que no perciben sus salarios desde el pasado mes de febrero, aseguran que permanecerán en vigilia durante el tiempo que sea necesario, porque necesitan que se les cancele lo adeudado y, lo más importante, que la fábrica continúe operando porque es el sostén de sus familias.

Para protegerse del sol abrasador de mediodía y del frío que arrecia en la madrugada, los trabajadores han levantado al menos 90 carpas a lo largo de una calle de tierra que corre desde la avenida Blanco Galindo hasta tropezar con la Víctor Ustáriz.

Para instalar las carpas, los trabajadores utilizaron troncos de dos metros de altura y plástico a modo de paredes. Un colchón mediano, algunos utensilios de cocina, un par de libros y la compañía de una radio es todo el menaje que se puede encontrar en el interior de las habitaciones improvisadas, donde los que hacen vigilia pasan solo algunas horas, porque, coinciden varios de ellos, la mayor parte de su tiempo están de guardia, ya sea en el sector que da a la avenida Blanco Galindo o cerca de la Capitán Víctor Ustáriz.

SUEÑO TRUNCO

El objetivo de Álvaro Colque, de 26 años, además de afianzarse en la empresa, era continuar la carrera de Mecánica Automotriz e Ingeniería Electrónica en la Universidad Técnica Privada Cosmos (Unitepc), pero este objetivo se quedó, por el momento, trunco, debido a que primero debe ser reincorporado a su fuente laboral.

De estatura media, contextura delgada y de hablar pausado, Álvaro puntualiza que decidieron junto con sus compañeros permanecer en la vigilia, instalados en carpas, porque tienen el firme convencimiento de que la fábrica en la que trabajan, en su caso desde hace casi dos años, seguirá funcionando. Además, matiza que conseguir empleo en la actual coyuntura es difícil, debido a que la pandemia del COVID-19 y la consecuente cuarentena han herido de muerte a muchas de las empresas, industrias y negocios familiares que tambaleándose aún se mantienen de pie.

Padre de una niña de un año y medio, este joven trabajador estudiaba con una elevada expectativa una carrera técnica en la universidad, pero el conflicto que se desató en Sendtex, agudizado por la pandemia, terminaron por sepultar este sueño. Por el momento, puntualiza, deja en suspenso este objetivo y primero quiere resolver su reincorporación a su fuente laboral.

Para no descuidar la manutención de su hija, y la de su esposa, quien actualmente estudia una carrera técnica, Álvaro deja por algunas horas la vigilia y sale a trabajar en obras de construcción como albañil “o como q,epiri” (cargador). La retribución que recibe en un día laboral oscila entre 50 y 100 bolivianos, dinero insuficiente para mantener a su familia, pero, por lo pronto, le sirve para garantizar su alimentación.

Álvaro y su familia alquilan un cuarto, cuya propietaria, ya le exigió en más de una oportunidad el pago correspondiente, pero “por suerte es una señora comprensiva y nos está esperando”. Pero no todos los trabajadores de Sendtex que realizan esta vigilia han corrido con la misma suerte. En algunos casos, sus caseros han tomado un atajo, resolvieron echar a la calle a sus inquilinos por falta de pago. La única solución que encontraron estas personas fue pedir prestada una habitación a sus conocidos, o regresar al hogar de los padres.

UNA VIDA

Pedro Quispe, de 50 años, asegura que le ha dedicado casi toda su vida a trabajar en Sendtex. Hace un poco más de tres décadas, cuando aún era adolescente, decidió dar un giro a su vida, tal vez el más importante, ingresó a trabajar en esta hilandera, convencido de que era la mejor opción para él. Empezó como picador de lana. Y si bien considera que gracias al sueldo que recibió durante todo este tiempo pudo mantener a su familia, actualmente siente que los ejecutivos de la empresa los han abandonado a su suerte, desde el momento en que dejaron de pagar los salarios.

El conflicto en las familias de los trabajadores ha escalado a tal grado que en algunos hogares ya se ventila la opción de la separación, debido a que los conflictos se ahondan por la falta de dinero para satisfacer las necesidades básicas de los hijos, especialmente de los más pequeños, quienes piden cada día leche, pan, carne y otros alimentos de primera necesidad.

El obrero considera que hay dejadez de los responsables de la empresa, y por eso pide que las autoridades del Ministerio de Trabajo intervengan para que se pueda zanjar este tema laboral que está resquebrajando los pilares de sus familias. En su caso particular, él tiene cuatro hijos, a quienes todavía debe apoyar con alimentación y vestimenta, pero sin su salario se siente atado de pies y manos para hacerlo.

AHORROS

Limber Quiroz ha prácticamente agotado en ocho meses los recursos económicos que había logrado ahorrar durante 20 años de trabajo, porque no recibe su salario desde febrero pasado. “Lo que pudimos reunir con tanto esfuerzo, sacrificio y privaciones, lo gastamos en estos meses de crisis”, enfatiza.

Trabaja como maquinista desde hace 20 años en Sendtex y pese a la crisis económica que afecta a esta hilandera, aún mantiene intacta la esperanza de cobrar los ocho meses de sueldos que les adeudan y que la empresa pueda salir adelante.

Este trabajador considera que es uno de los más experimentados en el rubro de las textileras, sin embargo, y pese a su currículum, confiesa que le es difícil encontrar una fuente laboral, por la crisis económica que se vio agravada a causa de la pandemia.

Por lo pronto, Limber y sus compañeros que persisten en la vigilia, comen todos los días gracias a la olla común que ellos mismos preparan, por turnos. Algunas empresas o personas particulares les hacen llegar alimentos de primera necesidad como arroz, fideo, azúcar, aceite, entre otros, pero la carne ha desaparecido, por el momento, de su dieta diaria, “porque tiene un costo muy elevado”.

La familia de Limber, por la falta de recursos, está también “estirando la olla”, comiendo lo que queda en su hogar, “aguantando” hasta que se solucione este problema.

LAS DEMANDAS

Pago de salarios, reincorporación a sus fuentes de trabajo, cancelación de los aportes a las AFP, subsidio de lactancia y atención en la Caja. Estas son, en resumen, las demandas que tienen los al menos 160 trabajadores de la hilandera Sendtex, quienes continúan con una vigilia en las puertas de la empresa desde hace varios meses, afirma el secretario de Conflictos del sindicato que los aglutina, René Alfredo Alanes Chavarría.

“Cuando aún trabajábamos, los empresarios ya arrastraban un año de retraso en el pago de los aportes, ahora esta deuda ha aumentado a casi 24 meses, sin embargo, en las boletas de pago nos descontaban” precisa.

El dirigente lamenta que, ante la falta de aportes al seguro social a corto plazo, los trabajadores y sus familias no reciben desde hace varios meses atención médica en el sistema de salud.

Los trabajadores acudieron al Ministerio de Trabajo para lograr su reincorporación a sus fuentes laborales, “pero cuando el proceso estaba avanzado con un veredicto a nuestro favor, un exdirector del Ministerio de Trabajo de Cochabamba decidió revocar esta determinación cuando ya debíamos recurrir a un amparo constitucional”.

Alanes considera que los trabajadores pueden tomar las riendas de la empresa, administrarla eficientemente, pero primero quieren agotar todos los recursos posibles.

Argumenta, además, que mientras dure la cuarentena no se puede despedir a los trabajadores. La esperanza que albergan ahora es que las nuevas autoridades que están ocupando sus escritorios en las entidades públicas se pongan al día con este proceso y puedan darle una solución a las 160 familias que aguardan en vilo que la maquinaria en Sendtex vuelva a funcionar, como en sus mejores años, cuando esa hilandera era un referente, no solo en el ámbito local sino también en el exterior.

Por lo pronto, el grupo de trabajadores permanece incólume en sus carpas, sobre esta calle innominada, en el municipio de Colcapirhua que es mejor conocida como la tierra de los mankallut´as.