Luchadoras

Madres trabajadoras crean espacios para abrigar a sus hijos

Un pequeño descansa abrigado en una grada, mientras su mamá vende api, en la avenida Ayacucho. / DICO SOLÍS
El trabajo empieza en las madrugadas. Cada día, ellas vigilan su economía y están pendientes del bienestar de sus pequeños.

Cajas de cartón, gangochos costurados a las carretillas, bañadores con mantillas y más son acomodados por madres trabajadoras, quienes desde la madrugada salen a trabajar; pero, acompañadas de sus hijos.

Su afecto está en su protección, cuidado y guía, sobre todo, cuando los niños son pequeños.

Una vendedora lleva a su niño en su carrito mientras ofrece productos, en San Antonio. / DICO SOLÍS

Las comerciantes ambulantes suelen solo tener un pequeño carro o una carretilla para llevar los productos que venden. Si tienen bebés, suelen acomodar esos vehículos para que los pequeños estén cómodos.

Quienes venden frutas en carretillas costuran gangochos guiados por los sujetadores. Eso se convierte en una hamaca que permite a los niños dormir o ir sentados. Delante de ellos van acomodadas las sandías, cañas de azúcar y más.

Un pequeño duerme en una caja de cartón, entretanto su mamá vende pastillas en la calle Hamiraya. / DICO SOLÍS

Las madres que tienen puestos temporales acomodan cajas o bañadores como si fueran cunas. Ahí, ponen como base chompas o mantas para que sus hijos duerman o jueguen. Para el frío, tienen mantas o mantillas.

Las cajas y otros se acomodan directamente en el suelo, al lado del puesto; o cerca, como en las puertas que tienen una grada para acomodarse sin riesgos.

También hay quienes instalan las cajas como portabebés que, en horas de comida, se convierten en el espacio cómodo para darles los alimentos.

Las carretillas y carritos tienen como fin principal la exposición y venta de productos, ya sean alimentos u otros. además, les permite el traslado de asientos plegables, sombrillas, bolsas como en mástiles y otros. Sin embargo, cuando se trata de vendedoras que son madres de niños pequeños, son acomodados con cariño para la comodidad, abrigo y cuidado de sus hijos.

El trabajo empieza en las madrugadas y puede terminar en la noche. Cada día, ellas vigilan su economía; pero, están más pendientes del bienestar de sus pequeños.

Una vendedora de frutas junto a su pequeño, en la avenida Barrientos. / DICO SOLÍS
Una comerciante alimenta a su bebé en su puesto ambulante, en la calle Punata. / DICO SOLÍS