“Tregua para que los policías y todos descansen”
Tiene una melena larga sujetada en una cola. Se muestra serio, pero recuerda algunas anécdotas entre risas.
Boris Ríos es uno de los guerreros del agua. Recuerda que estuvo en el puesto cuatro, el de la esquina de la Catedral, y que participó de movilizaciones y enfrentamientos.
“Gritábamos ‘¡tregua, tregua!’ y los policías y todos se iban a descansar”, comenta sonriendo al rememorar que desde las seis de la mañana hasta la medianoche estaban en enfrentamientos, en medio de gases y piedras “avanzando y retrocediendo”, y que llegado un momento se hacía una especie de pacto para el descanso.
“Las primeras veces que recibíamos un gas no sabíamos nada y nos mojábamos”, dice y cuenta cómo les ardía el rostro y que después desarrollaron las técnicas del uso de bicarbonato y vinagre, entre otras.
Entonces él tenía 18 años. Apenas habia salido del colegio. Ahora, está casado, tiene tres hijos y trabaja en una institución relacionada a proyectos de agua, Yaku.
TRES HECHOS Mantiene fresca la historia que inició en septiembre de 1999, la represión de febrero y la lucha de abril de 2000.
“Fueron jornadas importantes para el país porque se mostró la forma en la que la gente se organizaba y como la forma de hacer política había cambiado”, afirma.
Hace 15 años, “como todo joven”, llamado por la Coordinadora y ante el enojo de que una transnacional pretendía imponer tarifas de agua que no correspondían, no dudó en salir a las calles, unirse y ser parte de los grupos del primer anillo de lucha.
“Nos organizamos para enfrentar a la Policía y tomar la Plaza Principal”, sostiene.
Agrega que los denominados guerreros del agua son todos aquellos que participaron desde donde estaban.
Destaca el aporte de la gente del mercado, hombres y mujeres, grupos de jóvenes y demás que ayudaban con “un pequeño vinagre”, cocinando para tener una olla común y que no falte alimento.
No olvida la muerte del denominado “Campanas”, que apareció ahorcado.