Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 03 de diciembre de 2021
  • Actualizado 07:08

UN JOVEN SOLIDARIO

Ernesto Nina, el héroe de Pacata que ofrendó su vida por salvar el Tunari

Gloriana, la novia del voluntario, contó que él le dijo que si fue a la Chiquitanía porque no iba a ir a atender el incendio en el Parque, el pulmón ecológico de su región. Su madre le esperó con cena, esa noche trágica. 
El voluntario Ernesto Fanor Nina Mamani, fallecido ayer durante labores de sofocación en el Parque Nacional Tunari. RRSS
El voluntario Ernesto Fanor Nina Mamani, fallecido ayer durante labores de sofocación en el Parque Nacional Tunari. RRSS
Ernesto Nina, el héroe de Pacata que ofrendó su vida por salvar el Tunari

Cayó la noche y ella no paraba de llorar ante la mirada desconcertada de sus compañeros. Fue la camarada que acompañó los últimos pasos de Ernesto Fanor Nina Mamani, de 24 años, el voluntario del Grupo Especial de Operaciones de Salvamento (GEOS), quien falleció tras caer en un barranco mientras sofocaba el incendio en el Parque Tunari, la tarde del lunes.

Él tropezó y resbaló unos 180 metros de profundidad, en una zona boscosa, en el camino a Tirani. Su acompañante gritó, pero Ernesto no respondió a su llamado. Desesperada reportó el accidente debido a que no podía descender sola por la intensidad del humo y los fuertes vientos. Tras unas cuatro horas de búsqueda, cerca de las 22:30 horas, hallaron el cuerpo del joven entre unas rocas y las ramas de unos árboles que habían sido consumidos por el fuego. 

Las piedras y las plantas sirvieron como cuñas para que el cuerpo del voluntario no continuara rodando al fondo del barranco. Todo eso sucedió mientras sus camaradas desconocían la tragedia y no entendían por qué la acompañante de Ernesto se encontraba tan acongojada. Más tarde, se enteraron de que el joven líder había desaparecido, pero no imaginaron el desenlace fatal.

6 Horas Ernesto combatió las llamas en el Parque Tunari por más de seis horas, el lunes. El incendio en el área protegida comenzó el domingo cerca de las 15:00 horas. Se consumieron pinos, eucaliptos y quewiñas. Esas especies tenían más de 50 años y muchas ya no podrán recuperarse.

El Capitán, cerca de la medianoche, comunicó a los rescatistas que Ernesto murió en servicio. Es el segundo que perdió la vida intentando sofocar el fuego en el Parque Tunari. El primero fue un comunario de Sacaba. Y es la séptima víctima a nivel nacional. 

LA LLAMADA El timbre del teléfono fijo sonó a las 02:00 de la madrugada, de ayer, en la casa de la familia Nina Mamani, en el barrio 10 de Diciembre en Pacata Alta. 

Rossmery, la mamá de Ernesto, contestó la llamada y escuchó la voz de una persona que se identificó como un voluntario de GEOS.

Rescatista: ¿Usted es la mamá de Ernesto?.

Rossmery: Sí, ¿quién habla?.

Rescatista: Soy un voluntario y estoy con algunos compañeros de GEOS. Quisiéramos hablar con usted. Estamos por el Bateón (un restaurante en Pacata Baja). Nos ayuda con la ubicación de su casa. ¿Nos podría enviar por WhatsApp?.

Rossmery: No uso bien mi celular, pero le pediré a mi hijo que me ayude. Déme un momento por favor. (Ella despertó a su esposo e hijo para enviar lo solicitado y unos minutos después escuchó que tocaban la puerta de su vivienda).

Rescatista: Señora queremos comunicarle que Ernesto sufrió un accidente en el incendio del Parque Tunari. 

Rossmery: ¿Dónde está mi hijo?, ¿en qué hospital?.

Rescatista: No está en un centro de salud y sentimos mucho comunicarle que fue encontrado muerto.

Rossmery, la mamá del joven voluntario, contó a OPINIÓN que tras enterarse de la tragedia se dirigió, junto a los camaradas de Ernesto, al Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF). Era de madrugada y por más que suplicó no le permitieron ver a su hijo. “Me dijeron que las oficinas se abrían a las 09:00 y tuve que volver a mi casa”. 

Los padres de Ernesto esperaron por unas cinco horas para recoger el cuerpo de su hijo, en puertas del IDIF, mientras le practicaban la autopsia. La demora se convirtió en un “suplicio” para los familiares y amigos del líder rescatista. 

El comandante de la Policía, Raúl Grandy, informó que Ernesto perdió la vida al instante. “Cayó al barranco porque tuvo dificultades de visibilidad. Sufrió una lesión considerable en el cráneo”. 

LA PROMESA Ernesto se puso su uniforme amarillo y sus botas. Tomó su casco y su mochila después de conocer que las llamas aún consumían el Parque. No pudo intervenir desde el domingo, cuando inició el siniestro en el área protegida porque participaba del Hackaton, desde el viernes, un encuentro de desarrollo de software para atención de emergencias. 

Tenía clases en el Tecnológico Puerto de Mejillones (una institución cerca de su casa), el lunes, pero solicitó permiso a través de sus compañeros. También era estudiante de Ingeniería Informática de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). 

Rossmery contó que le pidió a su hijo que no fuera al incendio, pero él insistió y le dijo que volvería en la noche y que le esperara con cena. “Le llamé a su celular desde las 20:00, pero no me respondía. Insistí a la medianoche porque no retornaba, pero nada. Pensé que continuaba trabajando en el Parque o que se quedó a dormir en su sede”, relató entre lágrimas. 

Su familia lo vio con vida por última vez el lunes, mientras tomaba un vaso de leche, antes de salir de su casa dispuesto a apagar el incendio, cerca de las 08:00 horas. 

SU COMPROMISO “Si fui a la Chiquitanía porque no voy a ir a salvar mi Tunari”, fue lo último que le dijo Ernesto a su novia Gloriana, una joven que también es voluntaria del grupo GEOS, antes de subir al área protegida.

“Él me dijo vamos, pero no podía porque tenía otras actividades. Parece mentira porque era un buen líder y era la persona más solidaria y precavida. Siempre cuidó del bienestar de todos”, señaló.

Gloriana y Ernesto iban a cumplir un año de relación. Era carismático, entusiasta, inteligente y comprometido, pero el fuego se comportó con él como un amigo despreciable. Sus compañeros contaron que no le temía a las llamas, al agua u otras circunstancias. “Para que otros puedan vivir”, es el lema que llevó en su ser, desde hace dos años, cuando formó parte de las filas de GEOS. También era miembro de Scout Zamuano Cochabamba.

LA CHIQUITANÍA En medio de cenizas y humo, Ernesto, sostenía a una “sucha” rescatada, nombre común que se le da a un ave del oriente boliviano. Él y sus compañeros ayudaron a sofocar los incendios en la Chiquitanía.

Esa fotografía se viralizó en las redes sociales. Juan Carlos Zegada, integrante del grupo voluntario, relató que el ave se encontraba notablemente deshidrata y lo primero que se hizo fue ayudarle a que pueda beber algo de agua. “Estaba desorientada y deshidratada”. 

Rossmery, la mamá de Ernesto, señaló que su hijo fue en dos ocasiones a la Chiquitanía. La primera por 15 días y luego por una semana.

Sobre esa experiencia, le contó que el panorama era desolador debido a que hallaron especies calcinadas y otras afectadas. También le dijo que los soldados que eran enviados a esa zona no tenían equipamiento e incluso algunos tenían las botas rotas. “Le dio mucha pena porque los soldaditos no tenían ni que comer. Él (Ernesto) les invitaba lo que tenía porque veía en ellos a su hermano menor. Llegó dolido por lo que pasaba en Santa Cruz e incluso nos pusimos a llorar juntos. Amaba los animales y la naturaleza”. 

Vilma, una voluntaria de GEOS, contó que ella llegó a la Chiquitanía cuando Ernesto se alistaba para volver a Cochabamba. “Él nos dio recomendaciones para que nos cuidáramos. Nos pidió que estuviéramos atentos ante cualquier eventualidad y nos dejó su mochila y sus equipos para que no nos faltara nada. Era una persona sumamente desprendida y solidaria”.