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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Cortez eligió la abogacía a sus 11 años y hoy encara a feminicidas

A su corta edad sabía cuál sería su propósito en la vida. Su padre fue víctima de una injusticia y eso la impulsó a luchar con su madre y sus seis hermanos.
Cortez eligió la abogacía a sus 11 años y hoy encara a feminicidas

Mercedes Candelaria Cortez Álvarez nació el 6 de julio de 1982 en Cochabamba. Su lucha contra la violencia a mujeres y niños la ha llevado a tribunales, como abogada, para enfrentarse a hombres violentos, feminicidas e infanticidas. Es una guerrera alegre, optimista y dedicada, pero se quiebra ante las injusticias y saca fuerzas para vencer a la impunidad.

Su familia ha sido un apoyo fundamental en esta batalla. Mercedes sostiene que encontró al amor de su vida, su esposo, con quien lleva 17 años de relación; 12 en matrimonio. Su hogar está completo con sus mellizos, de cinco años, y se siente bendecida. 

Actualmente, es representante de Voces Libres y abogada del observatorio de Justicia de la fundación, desde donde brinda atención legal y gratuita a víctimas de violencia intrafamiliar, violación y feminicidio. Además, manejan datos estadísticos y visibilizan lo que el Estado no, como los niños huérfanos del feminicidio. 

Cortez lleva 12 años trabajando en Voces Libres. En 2008, empezó en la cooperativa de microcréditos sin intereses de la fundación que tiene como propósito apoyar a las mujeres maltratadas para que rompan la dependencia económica que tienen con sus agresores. Se fue ganando espacio, con sus iniciativas y la creación de programas y proyectos, hasta alcanzar la coordinación regional y luego la nacional.

Ahora, se desempeña en el Observatorio de Justicia, el ámbito que ama y le permite acercarse aún más a las víctimas y luchar contra la violencia. Es lo que siempre quiso hacer y su concentración y compromiso no tiene límites. 

Mercedes tiene un vínculo sentimental muy fuerte con Voces Libres desde 1993, cuando conoció a la fundadora de la institución Marianne Sébastien, quien ayudó a su familia en un momento crítico y agradece a Dios que la haya puesto en su camino porque considera que sin su apoyo, ella no sería abogada y probablemente hoy no estaría luchando por los más desprotegidos. 

P. ¿Qué la motivó o impulsó para emprender esta lucha contra la violencia hacia las mujeres y niños?

R. Pasé una situación muy difícil en mi infancia. A mis 11 años ya tenía la convicción de que quería ser abogada porque mi papá fue encarcelado por una injusticia. Viví de cerca la retardación y tomé la decisión de ser una luchadora por la justicia contra este tipo de atropellos. En ese momento, mi mirada aún no estaba hacia las mujeres y niños, pero a medida que fui creciendo sentí la necesidad de ser voluntaria en algún lugar donde se trabaje con esa población.

Todo esto no hubiera sido posible sin la ayuda de la mamita Mariana (Marianne Sébastien), quien me ayudó en mi infancia. En 1993, sus primeras acciones fueron con los niños de las cárceles y yo era una de ellas porque era muy apegada a mi papá y terminé viviendo cuatro años con él hasta que lo absolvieron porque fue encarcelado por un tema infundado. Me quedaba, la mayoría del tiempo, con mi padre que era mi guía, mi mentor, mi todo.

Mariana nos ofrecía centros alternativos para no estar todo el día en medio de privados de libertad. Yo no sentía que corría riesgo, pero ella si lo comprendía y se preocupaba mucho por los niños. Hacíamos de taxi, es decir, comprar herramientas, repuestos, comida y verduras para los presos y nos pagaban. Eso me ayudaba a sostener a mi familia y llevarles alimentos porque he visto llorar de hambre a mis hermanitos, comer pan duro o espinacas salvajes con sal. Mi mamá quedó sola con siete hijos y lo que pasamos me fortaleció y me volvió una mujer más fuerte y luchadora.

La mamita Mariana nos ayudó no solo económicamente, sino nos dio terapia y cuidó de nosotros. La vida cambió, cuando ella apareció porque me motivaba, me hizo pasar clases de pintura, me pagó algunos cursos de apoyo para nivelarme porque había dejado un año la escuela y ella se preocupó para que retome el colegio.

Mi papá salió de la cárcel y tuvo que irse a Oruro por trabajo, y perdimos contacto con Mariana. Recuerdo que odiaba las navidades porque los vecinos salían al parque con sus autos a control o sus muñecas que lloran y yo les había comprado unos juguetes pequeños a mis hermanitos y me sentía triste. Trabajé desde la infancia y en ese tiempo ganaba 200 bolivianos. Vivir así me impulsó para luchar contra la pobreza, miseria y la injustica porque, aunque nací en cuna de oro, no crecí en ella. De tener una casa con piscina, pasamos a no tener nada.

P. ¿Cómo retoma el contacto con Voces Libres y empieza a trabajar con ellos?

R. Trabajé en Juzgados de Niñez y Adolescencia desde que empecé a estudiar, como supliendo a los secretarios. Soñaba con ser juez o fiscal y cuando ya era abogada, unos dos o tres años, leí la convocatoria de Voces Libres en un periódico y volvió a mi mente los pasajes de mi infancia, el tiempo que pasé con la mamita Mariana. Decidí postularme y la administradora me dijo el sueldo es 800 bolivianos, hay horario de ingreso y no de salida, y debe tener disponibilidad de viajes incluso fines de semana. Le dije a todo está bien porque sabía que se trataba de Marianne Sébastien, aunque parecía que quería desanimarme.

Esto fue en 2008. Al mes de contratada hubo una reunión por altavoz para presentar a los dos nuevos contratados y me nombraron, y Marianne se ubicó y me preguntó sobre mi papá. Me dijo, ahora mismo tengo en mi escritorio el payaso que pintaste para mí y está pegado en mi pared. No podía creerlo y me puse a llorar y ella también. Dos meses después, llegó a Bolivia y fue muy emotivo nuestro reencuentro. Creo que es mi destino y desde entonces me fui ganando espacios con ímpetu y tuve la confianza y apoyo de la fundadora de Voces Libres, que es para mí una segunda madre. 

P. Los feminicidios cada vez son más crueles, ¿cómo los sobrelleva y asume defensa?

R. He tomado yoga y Marianne, que es terapeuta, me ayuda mucho, desde que empezamos a conocer casos de feminicidios, en 2013. Ha sido bastante duro porque soy muy sensible, pese a mi carácter fuerte y aunque me digan que no lo tome personal es bien difícil. Me pasó algunas noches que, antes de audiencias, tengo como revelaciones y no sé si estoy durmiendo o planificando la defensa de mi caso. Voy armando, en mi cabeza, la estrategia y sé lo que voy a hacer al día siguiente. Me paso el día estudiando casos, sentencias y redactando, pero en las noches me vienen las revelaciones. Nosotros llevamos alrededor del 60% de los feminicidios de Cochabamba.

Lo que más me desgarra es ver a los niños llorar y no saber qué responder cuando preguntan por su mamá (víctima de feminicidio) y también buscan a su padre porque ellos no guardan rencor y no sé cómo decirles que va a ir 30 años a la cárcel y que estoy tras esa lucha, es muy difícil.

P. ¿Cómo recibe las sentencias?, siendo que a veces conseguir una demora años.

R. Precisamente, hace dos semanas recibí la ejecutoria de una sentencia de 30 años de cárcel por feminicidio. Fue uno de los casos que más me marcó porque Lidia Condori murió debido a que su esposo, Ronald Campos, le torció el cuello delante de sus niños, hace cuatro años. El hijito mayor, que en ese tiempo tenía ocho años, tomó un cuchillo queriendo defender a su mamá, pero su padre lo amenazó. Él ha sido el testigo clave y finalmente hemos logrado la ejecutoria, y el papá de la víctima no puede creerlo.

“Ya no hay nada don Raulito. Tu hijita descansa en paz”, fue lo que le dije al señor. No lo podía creer y me llamó varios días como a las 07:00 para preguntarme otra vez y volvía explicarle que todo terminó y que el hombre no va a salir de la cárcel. Su situación es particular por las condiciones y estamos en contacto con ellos, apoyándolos porque son tres niños que se quedaron al cuidado del abuelo. 

Las sentencias son lunares. Conseguir una ejecutoriada demora y he visto víctimas arrodillarse, encadenarse y también llorar de alegría cuando se ha hecho justicia porque eso les devuelve un poco de paz, pero no llena ese vacío por la pérdida de un ser querido.

P. ¿Cuáles son sus retos y desafíos?

R. Ahora mismo estamos cuidando que no se emitan leyes en contra de las víctimas que vulneren sus derechos. Somos los proyectistas de la modificación de la 1173 y estamos en lucha para que no tergiversen y cambien nuestra propuesta de ley. Además, que no la politicen pretendiendo legalizar la violencia para los que tienen fuero sindical. Hemos ganado una batalla, pero aún queda la guerra.

Nuestro reto es cambiar y mejorar la justicia para que no sea tan burocrática para las víctimas, porque es un gran paso que rompan el silencio y entonces podremos decir que hemos cumplido. Nos hemos articulado con más de 50 instituciones.

Voces Libres trabaja en atención, protección y prevención de la violencia. Tenemos varios programas como los microcréditos sin intereses y apoyo en planificación familiar y cubrimos sus gastos. Hombres de paz es un centro terapéutico que ha trabajado con más de 1.300 hombres derivados de juzgados y fiscalías que ejercieron violencia, y en la mayoría logramos cambiar su forma de pensar y actuar respecto a las mujeres.

También está el Observatorio de Justicia, el hogar Lluvia de Ángeles, donde tenemos 57 niños derivados por distintas circunstancias. Hay escuelas de fútbol, de prevención de violencia sexual y brindamos apoyo integral a las familias a través de bonos y otros proyectos. Son 12 años de experiencia en Voces Libres y no siento que sea un trabajo, estoy sirviendo y devolviendo un poquito de lo que me dieron, y haciendo lo que realmente me gusta. Me siento afortunada.