Cartacho: con el lente puesto en la parrilla, su otra pasión

El fotógrafo, con 36 años de trayectoria en el medio periodístico, decidió seguir su vocación en la crisis y ofrece cerdo, pescado y pollo con su toque especial. 

Fernando Cartagena, fotógrafo conocido como Cartacho en el medio periodístico, sazona las carnes, les aporta su sabor peculiar, el toque que resume su pasión por la cocina. Mientras, sus hijos Carlos, Daniel y Diego aguardan con paciencia que estas queden listas para comenzar de inmediato con el proceso de cocción, en una tarea que se vuelve 100% familiar.

La cadena de elaboración se completa con las nueras, que concentran su atención en la preparación de las guarniciones que acompañarán las delicias para la clientela, ansiosa por degustar la buena mano del hombre que guía al grupo y derrocha sus saberes adquiridos en la cocina.

Cartacho siempre estuvo seguro de su habilidad en la cocina. Y esa fue la clave de su éxito en la aventura de liberar su imaginación entre cacerolas, parrillas y saleros. “Lo importante es que cada uno esté muy convencido de un potencial que tenga, cierre los ojos y vaya directamente al frente. Si le gusta la cocina, la repostería o la mecánica, con seguridad que le va a ir bien porque está convencido. No lo hará por obligación. En esta pandemia, aprendimos que debemos hacer lo que sabemos”, reflexiona el fotoperiodista, que lleva 36 años en el rubro y que pasó por medios como OPINIÓN, Viva y La Razón, entre otros.

En cualquier reunión entre amigos, sus virtudes como buen asador eran aclamadas y reclamadas.

Mucho le sirvieron los consejos de amigos argentinos que conoció en el ambiente del fútbol, como Norberto Kekez y Juan Urruti, quienes le facilitaron algunos tips para que el término de la carne fuera ideal. Con la práctica, el cochabambino aprendió y le dijo adiós a las tentativas sin buen final, esas en las que las piezas rojas solían asimilarse, en aspecto y textura, al tradicional charque.

“Se dio gracias a  los viajes, al contacto con los jugadores y, sobre todo, a los argentinos, que son los que más hacen carne. Ellos decidieron ir un tiempo a jugar al barrio. Después entramos a la casa. Norberto Kekez y Juan Urruti me decían que dejara que ellos se encargaran. Yo observaba El asado me salía seco como charque. El de los argentinos es suave y jugoso. Entonces, empecé a practicar con cortes más gruesos. Fui aprendiendo y mejorando. En principio, aquello se transformó en una rutina de fin de semana”, describe el profesional de la fotografía con respecto a su evolución.

Nano se sumergió al mundo culinario durante la crisis. La insistencia de sus hijos y su deseo guardado y pospuesto por explorar el universo que le fascinó desde que era niño terminaron por influir en su decisión.

Todo conspiró para que así naciera su emprendimiento personal, que, como no podía ser de otro modo, combinó su apodo: Monumental Cartacho.

“Estaba de vacaciones en el trabajo. Pensaba meterme en la cocina y abrir un local. La pandemia apresuró todo y ahora estamos preparando comida para llevar. Mis hijos me decían: ‘tú sabes cocinar, ¿por qué no lo hacemos?’. Me animaron y comenzó la aventura, que hoy es una responsabilidad”, relata el cochabambino, que recuerda con añoranza el hecho de haber podido viajar a varios países de Sudamérica junto a la Selección Nacional, Bolívar, Wilstermann y Aurora a través de participaciones en la Copa Libertadores, la Sudamericana y clasificatorias. Todas esas experiencias las lleva consigo gracias al fútbol, esencialmente.

No dejó el lente. Si bien actualmente no se encuentra vinculado a un diario nacional, trabaja en una agencia extranjera.

Claro, la carga horaria es mucho menor.  “Son pocas las cosas que hago, pero esto del coronavirus me puso en escena. A lo otro (su servicio de delivery) le metí la misma pasión”.

Quiere continuar relacionado con la fotografía. Cuenta que, para ello, planifica crear un pequeño emprendimiento junto a dos colegas y sus hijos. Estos últimos también heredaron la habilidad y el gusto por capturar el mensaje de las acciones a través del lente de una cámara.

“Estoy armando un grupo junto a mis hijos, Edson (Soliz) y José (Rocha), para hacer un emprendimiento de fotografía familiar. Estamos en plena formación. Esperamos salir a ofrecer el servicio en los próximos 15 días”.

Cartacho tuvo su primer acercamiento con la cocina cuando era un niño. Su madre Nicolasa Cartagena iba a trabajar desde muy temprano y el entonces pequeño debía arreglarse solo en casa.

Tomaba lo que estuviera a la mano, apelaba a su ingenio. “Mi mamá me enseñó, pues vivíamos solos. A veces, ella salía muy temprano y yo me quedaba. Recuerdo que hacía cocer una papa y preparaba una ensalada de zanahoria, que es lo que más consumía en mi vida”.

Y a Cartacho le sobran cartuchos, siempre va hacia adelante. Cocine o fotografíe, la pasión es el factor inamovible y el que lo mueve.

Confió en su potencial en un momento crítico y no se arrepiente de la decisión de lanzarse al mercado culinario junto a su familia.

Lo mismo hizo hace 36 años, cuando se abrió espacio en el mundo de la fotografía y era un inexperto en la materia. De hecho, su primera casa mediática fue OPINIÓN. Recuerda con mucha nostalgia al extinto Fernando Balderrama, quien le dio algunas luces en los inicios de manera desprendida.

Nano comenzó en los medios y aprendió “sobre” la marcha

Fernando Nano Cartagena lleva 36 años ejerciendo como fotoperiodista en Cochabamba. Inició su carrera en OPINIÓN, en 1985.

Confiesa que se abrió paso en los medios de comunicación sin mayores conocimientos técnicos. Lo enorgullece el hecho de que sus fotografías fueran publicadas, tras su aprobación, al tercer día de haber sido contratado.

Su último empleo en un diario nacional se dio en La Razón de La Paz, empresa en la que ofició como corresponsal hasta el impacto generado por la crisis sanitaria.

De todos modos, Cartacho sigue ligado a su pasión por la fotografía, pues trabaja en una agencia internacional llamada France-Presse. Allí envía material de manera esporádica sobre eventos trascendentales.