CENTROS DE ABASTO
Los ‘cargadores nocturnos’, el oficio de la fuerza
Ciriaco Coaquira tiene 70 años y la fuerza de un joven veinteañero. Es medianoche y, antes de empezar a trabajar, inclina su vehículo de trabajo, una carretilla, de los soportes hacia el suelo y se sienta, casi recostado, en ella para pijchar, masticar coca, acompañado de sus colegas. Él es un ‘cargador’ nocturno; trabaja en los mercados del centro de la ciudad.
Como en murmuros, luego de las cero horas, los centros de abasto de la ciudad de Cochabamba, como La Pampa, parecen empezar a despertar, antes de que ni siquiera se asome el sol.
Los comerciantes y algunos transportistas con vehículos motorizados son parte de la logística para el armado de los puestos, sobre todo, cuando se trata de productos frescos, como frutas y verduras. Pero, este sistema no funcionaría sin la ayuda de quienes con la fuerza de sus brazos y el uso de carretillas hacen el traslado de los productos en los tramos desde donde se descargan hasta donde serán exhibidos en los puestos de venta. Quienes trabajan como ‘cargadores’, en este caso nocturnos, son parte elemental en la cadena de compra y venta.
Ciriaco Coaquira trabaja hace más de 40 años como cargador. Genera alrededor de 80 bolivianos diarios, trabajando desde la una de la mañana hasta las ocho.
Su actividad laboral es solo en horario nocturno. No tiene hijos y ve a sus colegas, sus amigos, como su familia.
Ellos se encuentran a diario en la esquina de la avenida Barrientos y Pulacayo, antes de empezar su jornada, para masticar coca y darse la fuerza necesaria, porque su trabajo es netamente físico.
Entre los varios trabajadores en este oficio está también Mario Hermosa, de 42 años. él tiene tres años como cargador; antes era albañil. Tiene dos hijos, es casado. En un horario diferente, él inicia su jornada laboral a las seis de la tarde hasta el mediodía del siguiente día.
Como uniformados, por las temperaturas algo bajas de la madrugada y para comodidad por la actividad que realizan, estos trabajadores utilizan chompas o chamarras, pantalones largos, sombreros, gorras o chullus (gorros de lana) y chalecos. Impulsan las carretillas por el asfalto y los pasillos de los mercados.