Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 27 de octubre de 2021
  • Actualizado 02:46

Ana Paula, del miedo al fracaso a creer y lograr su marca

Perdió el trabajo en la pandemia y, aún con temor, se animó a abrir su proyecto creando turbantes y accesorios con su sello y estilo, como forma de combatir la crisis por el COVID-19.
Ana Paula, del miedo al fracaso a creer y lograr su marca

Ana Paula Rojas, una joven diseñadora, de pronto, se  planteó para sus adentros la pregunta que sacudió sus cimientos: “¿Y si, por fin, lo intento?”.  Cuando el país entró en confinamiento, a mediados de marzo de este año, la mujer, de 25 años, se vio sin trabajo, sin un medio que le permitiera seguir generando recursos económicos para sustentar a su hija Mariana.

Era el momento propicio para probarse a sí misma sus capacidades. “Yo dije: no puedo morirme sin haber hecho lo que me encanta y cumplir mis sueños”, conjuró con su ser, en una suerte de arenga necesaria para romper la quietud que adomercía su curiosidad.

Trabajaba junto a los hermanos Nelson y Fernando Martínez, de la conocida firma Sonndo.

Ingresó como practicante. Luego se ganó la confianza de los dueños de la compañía de indumentaria y consiguió el empleo.

Allí se empapó de todo lo concerniente al mundo de la moda. Incluso, se familiarizó con los recursos del marketing en las redes sociales.

“Comencé cosiendo ropa. Hemos hecho bandanas, riñoneras y aprendí el manejo del marketing en Facebook e Instagram. Vi cómo crecieron. Ellos me motivaron a que pudiera crear mi propia marca”, exterioriza Ana Paula, quien estudio en VC Fashion School, la escuela de moda de Daniela Claure.

Siempre sintió fascinación por el diseño, los moldes y la alta costura. Cuando su hija comenzaba a despedirse de alguna prenda debido al crecimiento, ella tomaba la pieza y se daba a la tarea de reinventarla, con texturas nuevas, accesorios y otros detalles.

Siempre intentó que la ropa se desmarcara de la masividad del mercado a través de detalles con creatividad.

Vestir a su pequeña fue el paso previo a su incursión en el ambiente. “La que me inspiró más fue mi hija. Cortaba la ropita que no le quedaba y le hacía shortcitos. Fue así que descubrí que eso era lo que más me gustaba”.

Una vez egresada de la carrera, Ana Paula hizo una pausa considerable. Trabajó de manera dependiente y así se mantuvo hasta hace algunos meses, cuando la crisis y la pérdida de su empleo la llevaron al punto mismo del cuestionamiento.

Ya era momento de actuar, de asumir el riesgo, independientemente de los posibles efectos colaterales. Al fin y al cabo, de eso se trataba.

Sus amigos, familiares y allegados la animaron, pero hubo un problema: su temor.

“Me daba miedo emprender, era como un temor al fracaso. Eso me llevó mucho tiempo. Dos o tres años después de haber terminado la carrera comenzó esto de la COVID-19. Me había quedado sin trabajo, sin ingresos. Decía: ‘necesito generar algo, pero haciendo lo que me gusta’. Entonces, comencé con los barbijos. Al principio, no sabía cómo hacerlos. Hablé con los chicos de Sonndo. Les comenté que quería hacerlo con mi marca”, recuerda Ana Paula, con la voz agradecida a los propietarios de la empresa, puesto que entiende que le tendieron una mano.

Consolidado su emprendimiento y con el miedo apenas como un recuerdo que dilató la aventura, ahora ofrece una gama variada y colorida de productos que va desde curiosos turbantes con la esencia étnica como característica hasta accesorios y joyas de fantasía que llevan el nombre que escogió: Tu Bolivianita.

Ana Paula se encuentra ansiosa y concentrada. La convocaron para ser parte de un desfile pactado para noviembre. Pretende exponer una propuesta que realce la cultura boliviana, con los aguayos como elemento infaltable, pero mediante una apuesta distinta que aún procesa.

“Empecé con barbijos, luego hice los turbantes y ahora me preparo para una colección porque me invitaron a una pasarela. Tengo que preparar una colección con 12 prendas. Recuerdo haber dicho: ‘no puedo morirme sin haber hecho lo que me encanta y cumplir mis sueños’. Estoy súper feliz. Pensaba que a las personas no les gustaría lo que les iba a hacer, pero, en realidad, fue otra cosa. Mis amigos me felicitaban. Fue un proyecto que pospuse durante dos años por miedo. Ha sido lindo emprender esto porque he sentido el cariño de la gente que me está rodeando”, valora.

Sus accesorios son personalizados. Utiliza la sublimación, es decir, aquella técnica de impresión digital que posibilita que la imagen fotográfica quede fijada en alguna base. Se alió con Tito creaciones para fortalecer el proyecto.

Si bien aún trabaja los detalles de su siguiente colección, la que presentará en el desfile de noviembre, ya tiene un nombre: Cochalita.

Y adiós al miedo. Ana Paula lo venció para hacerse amiga de la adrenalina, la confianza y la buena voluntad.

Se formó en la escuela de daniela claure por clara vocación

Ana Paula Rojas tiene 25 años y es madre de una niña llamada Mariana. Su vocación por el diseño y la moda la llevaron a adquirir interés por el medio y a formarse en la escuela VC Fashion School, dirigida por Daniela Claure.

Allí logró la tecnicatura superior.

Ello le permitió realizar sus prácticas con los hermanos Nelson y Fernando Martínez, dueños de la empresa Sonndo.

En dicha compañía, Ana Paula sumó experiencia, sobre todo en el área de mercadeo, misma que le sirvió para impulsar su propio emprendimiento.

También le fueron útiles los consejos de los propietarios de Sonndo, quienes le facilitaron directrices para comenzar la aventura.

La diseñadora consideraba viajar a Estados Unidos para reunirse con su pareja y consolidar nuevos proyectos, pero la pandemia pospuso sus planes. El estilo en el que se concentra es el étnico.