Alfareros de Huayculi migraron a dos rubros en la pandemia

El alfarero Jorge Hinojosa usa un torno para moldear vasijas de barro. DAYANA FLORES
Algunos se dedican a la agricultura, otros a la avicultura. Ahora venden solo el 50% de las piezas que producen. Todo el pueblo se vio afectado por el brote del virus.

La pandemia desestabilizó a un pueblo en el que casi todos los habitantes viven de la alfarería, Huayculi, en Tarata.

“Hemos sufrido demasiado”. Jorge Hinojosa casi no tiene palabras para definir su situación económica desde el brote del virus, pero sus expresiones dicen mucho. Aún cabizbajo, este ceramista que es dueño de una de 150 alfarerías en Huayculi contó que su producción cayó a cero en la peor temporada de pandemia.

Para sobrevivir, casi todos los alfareros “hemos tenido que buscar trabajitos en donde sea”. 

Los artesanos migraron, principalmente, a dos rubros: agricultura y avicultura. En el primer ámbito, los contrataron para cosechar choclos o papa; en el segundo para cuidar gallinas.

Algunos trabajaron solo a cambio de comida. Y es que tampoco podían esperar mucho rédito económico, considerando su poca experticia y que lo suyo, por herencia, es el moldeado de vasijas con barro.

“Todo el pueblo vive de la cerámica”, aseveró Jorge. Allá los habitantes son introducidos en los talleres de alfarería desde que tienen memoria.

Jorge no sabe decir quién le enseñó a moldear, pero está seguro que “desde pequeño sabía”, quizá porque sus abuelos, bisabuelos y generaciones anteriores eran maestros.

Su padre viajó a otros países a enseñar su arte y su casa en Tarata, a más de 35 kilómetros de distancia de la ciudad de Cochabamba, es un referente para los turistas.

 La Asociación Departamental de Guías de Turismo de Cochabamba, por ejemplo, organiza tours hacia el Valle Alto que contemplan una parada en la casa de los alfareros Hinojosa.

DETALLES

Si bien la peor temporada del virus pasó y el rubro está en proceso de reactivación, las ventas ya no son como antes. 

Los alfareros solo pueden vender el 50% de lo que producen. Antes de la pandemia, “salían camionadas (de cerámicas) desde Huayculi” hasta el interior y exterior del país.

Jorge contó que los revendedores llevaban las piezas moldeadas por ellos hasta Argentina e, incluso, convocaban a los artesanos de Huayculi hasta ese país para que impartan sus conocimientos.

Dentro de Bolivia, cuando vendían más era en la Feria de Alasitas de La Paz, un evento que también está postergado desde el brote del virus.

Estimó que, en su mejor época, solo en su taller hacían hasta dos mil piezas de arcilla al día, trabajando entre ocho y 10 horas continuas.

En el negocio de Jorge, él y su esposa usan el torno para moldear sus vasijas artesanales. Contó que tornean mientras hay sol, cuando la jornada se oscurece, se ocupan de hacer piezas complementarias.

Los productos más vendidos son los platos, las ollas y las tazas.

VENTAS

Los recipientes de estos artesanos de Huayculi pueden ser encontrados en la ciudad de Cochabamba, por inmediaciones de la avenida 6 de Agosto.