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  • Diario Digital | lunes, 27 de mayo de 2024
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Hay unos 13 niños encarcelados con sus mamás, algunos irán a hogares

Solo pueden permanecer junto a sus madres, que son presidiarias, hasta que cumplan seis años. Entre tanto, acceden a clases virtuales desde un reducido espacio en el penal.
Privadas de libertad cargan a dos menores de edad que los acompañan mientras cumplen su condena. DICO SOLÍS
Privadas de libertad cargan a dos menores de edad que los acompañan mientras cumplen su condena. DICO SOLÍS
Hay unos 13 niños encarcelados con sus mamás, algunos irán a hogares

Al menos 13 niños están encarcelados en San Sebastián Mujeres de Cochabamba, cumpliendo condenas por delitos cometidos por sus madres. Sin embargo, muchos están al borde de cumplir la edad para ser retirados de ese penal.

La normativa dice que al tener seis años ya no pueden vivir en la cárcel y, si no hay una familia que se haga cargo de ellos, su destino es un hogar, de acuerdo con información de la directora de Régimen Penitenciario, Estrella Rocha.

Los menores de edad y sus madres, que conviven juntos en la cárcel de San Sebastián, son la mayor preocupación para las 169 internas.

De acuerdo con una verificación realizada por este medio de comunicación, hay 21 niños que además de lidiar con el encierro, sufren la depresión en la que están sumidas sus madres, a causa de la pandemia. Además, hay otras siete internas embarazadas dentro este penal colapsado.

DETALLES

Las madres y embarazadas detenidas en San Sebastián luchan contra la impotencia de no poder recibir la visita de sus familiares. También tienen en su contra el tiempo porque serán separadas de sus hijos cuando ellos cumplan seis años, edad permitida para que vivan dentro la cárcel.

Mary (nombre ficticio) es una de las siete embarazadas que está en el penal. Espera a su segundo hijo y fue encarcelada por estar involucrada en un caso de robo. Permanece en este lugar junto a su primogénito de cinco años.

Sus compañeras ven en ella preocupación y para ayudarla acudieron a la Gobernadora del penal para que convoque a la psicóloga y la atienda con terapias con las que pretenden evitar cualquier tragedia. De esta manera, ella y otras presas pueden desahogarse y pasar los días más tranquilas.

Muchos pequeños no entienden por qué sus madres están ahí o por qué no pueden regresar a casa. Sus juegos se limitan a su imaginación, pero no tienen brillo en sus ojos, el brillo que cualquier niño muestra en libertad.

Las reclusas contaron que muchas pasan por momentos de depresión y no salen de sus piezas. Contienen esa situación con la ayuda profesional. También asisten a la capilla, un espacio donde pueden rezar y acercarse más a sus creencias.

A Mary le preocupa el futuro de su niño (Daniel) quien se divierte entre los barrotes con cualquier juguete o una simple liga que haga volar su imaginación. Solo faltan algunos meses para que su hijo se marche del penal. Dice que no tiene a ningún familiar que le apoye y no se resigna a tener que dejarlo en un centro de acogida.

Espera que hasta que llegue ese día, la justicia pueda probar su culpabilidad y condenarla o, caso contrario, dejarla libre. Ella defiende su inocencia y dice que solo estuvo en el lugar y momento equivocado.

Mientras tanto, su pequeño pasa los días en un espacio habilitado en el penal exclusivamente para él y otros niños. Se trata de una sala de 12 por cinco metros donde les enseñan computación y pasan clases, además tienen un área de recreación (parque).

Hace un año que no pueden salir del penal. Antes tenían el apoyo de una Organización No Gubernamental (ONG) y la Iglesia, que llevaban a los niños al parque y realizaban actividades que los alejaban del encierro.

En la actualidad, las visitas se comprimieron hace cuatro meses, según la delegada del penal. Se limitan a ver a sus seres queridos dos veces por semana, entre una hora y hora y media.

A Carla (otra reclusa) le preocupa la salud de su familia, especialmente de su hija de 10 años que vive con su hermana.

Luego de saber que su papá murió con coronavirus, se pasó días llorando por lo sucedido y preocupada por su hija. Una mañana despertó desesperada y llamó por teléfono a su hermana, pero sin respuesta. Se pasó horas caminando de un lugar a otro sin poder contener las lágrimas. 

Así se suman muchas historias de estos pequeños quienes viven con una implacable pandemia, además de las rejas que merman su movilidad.

“La justicia es injusta y no se puede confiar en ella. No crean que acá (en el penal) todos somos culpables. Estamos pasando por un mal momento y nos preocupan las personas de la tercera edad. Nadie hace nada por ellas”, contó su representante.

DATOS

El año pasado, el Gobierno aplicó la amnistía para algunos privados de libertad, pero no les benefició a ellas.

Según explicaron, las favorecidas fueron las que están encerradas por el delito de 1008 (narcotráfico). El 15% del total quedó en libertad. 

Dijeron también que hay mujeres que ya cumplieron con los 2/5 de la pena, en el marco de la Ley de Ejecución Penal y Supervisión, y otras que ya pagaron su sentencia, pero la retardación de justicia les afecta.

“Como representantes tratamos de apoyarles, pero más allá no podemos hacer. No hay el descongestionamiento que nos prometieron las autoridades”, agregó.