Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 12 de agosto de 2020
  • Actualizado 05:37

Gracias, milenials

Gracias, milenials

La impotencia me invade cuando veo a varios kilómetros de distancia desde mi ventana el humo implacable subir desde el cerro San Pedro, e inmediatamente pienso en mi familia que vive en sus faldas. Desesperada hago una llamada al SAR Cochabamba, y me contesta rápidamente un joven muy amable, le indico la situación y me dice que están en camino, que le envíe la ubicación de las viviendas que corren peligro por el incendio, todo vía WhatsApp (nativos digitales), me da algunas instrucciones más, calmado y preparado para recibir llamadas de personas angustiadas.

Ante mi insistencia, tras unos minutos, me responde: ya llegamos señora, el paso está un poco complicado.

Pasados unos 20 minutos mi familia me informa que llegaron y que con la ayuda de estos jóvenes voluntarios lograron aplacar el fuego. Escribo al muchacho agradeciendo y su respuesta me deja aún más consolada: no tiene por qué.

Estos son nuestros jóvenes, les debemos nuestras casas, nuestros árboles, fauna, incluso nuestras vidas y simplemente lo hacen porque quieren servir, ser útiles, hacer la diferencia. Los conozco bien, pues tengo el privilegio de ser docente de algunos de ellos en una universidad que forma en valores y no solo en conocimientos.

Cuántas veces he escuchado a personas de mi generación criticarlos, porque no se esfuerzan lo suficiente, no resisten frustraciones, no saben lo que es una biblioteca, generalizan y los comparan con lo que ellos fueron o vivieron en sus épocas. Algo me incomoda cuando escucho esas críticas y ahora sé muy bien que es: esos jóvenes a los cuales les debo el trabajo que amo, me permiten ser mejor persona cada día, me ensañaron a ser paciente, positiva, coherente, y que a veces también, puedo estar equivocada.

Al ver los rostros de estudiantes en las redes sociales o en puntos de bloqueo, organizándose por defender lo que creen justo, con una alta conciencia de comunidad, nos están mostrando que no tienen miedo, que ven más allá que nosotros y siento una fe renovada en que ellos encaminarán este país mucho mejor de lo que lo hicieron las generaciones pasadas o presentes. La evolución ha llegado, estoy orgullosa de verlos en acción. ¡Este es el verdadero cambio que Bolivia necesita!

Gracias, juventud boliviana, gracias a los grupos de voluntarios y gracias infinitas a todos los que fueron y son mis estudiantes.