Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
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Dos tipos de consejos para un gobernante inexperto

Dos tipos de consejos para un gobernante inexperto

Una historia bíblica en el Segundo libro de Crónicas narra un hecho pertinente para nuestro contexto boliviano. El relato dice que después de la muerte del rey Salomón se hizo del cargo su hijo Roboam, un hombre relativamente joven y sin experiencia que enfrentaba la división de su pueblo entre Norte y Sur por inconformidad popular, resultado de una mala administración política derivada en leyes injustas.

Frente al problema cada vez más desbordante, y ante permanentes reclamos del pueblo, este novato gobernante decidió pedir consejo. Primero fue con los ancianos expertos en política y diplomacia, y estos le aconsejaron: 

“Si quieres tener éxito en tu gobierno, debes conducirte humanamente con el pueblo. Escúchalos y haz buenas leyes para ellos. Si haces eso, ellos te servirán con agrado”.

Inconforme con este consejo, Roboam buscó a un grupo de jóvenes, amigos suyos, que querían aprovecharse de su poder inflándole el ego, para lograr cumplir sus propios intereses. Estos le dijeron:

“Ante los reclamos, diles: Si mi padre fue duro, yo seré más duro todavía. Si él los azotó con látigo, yo los azotaré con escorpiones”. Este último consejo, como es lógico, derivaría en castigos, persecuciones y acciones inhumanas contra el pueblo. Pero, según los amigos de Roboam, lo consolidarían como un gobernante “temido y respetado”.

Sin pensarlo mucho, Roboam siguió el mal consejo de los jóvenes. Los encarcelamientos y castigos no se hicieron esperar. Al principio esta manera de gobernar parecía darle buenos resultados, los gobernados se humillaban y obedecían pagando los tributos; pero pronto la represión no hizo sino abrir una mayor brecha y distanciamiento entre sureños y norteños haciendo que sus diferencias sean finalmente irreconciliables, dificultando más una unidad nacional.

Pero la historia no termina ahí. Un día, cansado de tanto abuso, el pueblo se sublevó y causó una revuelta en la que mataron al encargado de hacer cumplir los tributos. Y el desafortunado rey Roboam tuvo que salir huyendo para no correr la misma suerte, profundizando la división que duró por mucho tiempo.

Siempre que leo estas historias, pienso: después de 3.000 años, al parecer, los seres humanos no hemos aprendido nada. “El que tiene oídos, que oiga” (Mateo 13:9).

UN POCO DE SAL

VIRGINIA QUEZADA VALDA

Socióloga, biblista y teóloga 

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