Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 03 de diciembre de 2020
  • Actualizado 12:39

Todos, todas o nadie

Todos, todas o nadie

Bolivia está ardiendo, no solo políticamente, sino en el sentido más puro de la palabra. Solamente en este año, según reportes, el área devastada por las llamas llegará por lo menos a 2 millones de hectáreas. Algunos son ecosistemas únicos en el mundo, cuya biodiversidad se perderá para siempre.

Las causas –como siempre– yacen tanto a nivel global como local. El cambio climático inducido por los países industrializados produce sequías y vuelve los bosques y las selvas más vulnerables. Al mismo tiempo, la codicia empresarial y política lleva a la tala y quema de regiones cada vez más extensas para la agroindustria. La globalización económica exige y posibilita la destrucción y extracción de recursos naturales y de esta manera, contribuye a la devastación local de ecosistemas.

Los modelos económicos mundial y local no pueden continuar igual. Esta economía no solamente está creando condiciones ecológicas inhabitables en grandes partes del planeta, sino lo hace además generando desigualdades cada vez más apremiantes. El progreso económico de algunos siempre se paga con la pobreza de muchos y con el empobrecimiento ecológico, por lo general, de nuevo en los espacios de los pobres.

Al mismo tiempo, no se puede generar justicia social a nivel nacional robando las tierras, el agua y el hábitat de los pueblos indígenas del Oriente, no solamente porque esto viola los derechos humanos y de la naturaleza en aquellas regiones. La destrucción de las selvas amazónicas y chaqueñas, la pagarán también las futuras generaciones en el Altiplano, cuando se acabe el agua de la lluvia y de los glaciares. No se puede crear desarrollo económico sustentable destruyendo el equilibrio ecológico y social. 

La justicia y el desarrollo tienen que incluir a todos; en primer lugar, a los más indefensos y vulnerables, y a la naturaleza de la que somos parte. Si destruimos los bosques, nos destruimos a nosotros mismos. 

Por esto, el papa Francisco dice en su última encíclica Fratelli Tutti, “que hoy, o nos salvamos todos y todas o no se salva nadie.” Lo dice a propósito de la pandemia y de la ecología mundial. La situación es la misma. Nadie se puede salvar a solas: o bien aprendemos a practicar la solidaridad como hermanas y hermanos, o no se salvará nadie.

 

UN POCO DE SAL

STEFAN SILBER

Teólogo laico

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