Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 23 de septiembre de 2021
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Siete generaciones

Siete generaciones

Un día 28 de mayo, hace 58 años, se casaron mis padres. Este día me recuerda cada año que debo mi existencia a alguien, y mis padres la suya a otros. El 28 de mayo me llena de gratitud y de humildad frente a las generaciones que me precedieron. 

Precisamente en estos días he leído sobre el principio de las Siete Generaciones. En un libro de Daniel R. Wildcat, académico e indígena norteamericano, él cuenta que, en algunas naciones indígenas del norte del continente, las personas se sienten acompañadas por siete generaciones de familiares: tres generaciones antes de mi propia generación, y tres generaciones después de mí.

Me parece una visión maravillosa y al mismo tiempo una responsabilidad inmensa: siete generaciones de familiares me hacen sentir seguro con su cercanía, su apoyo, su cariño, su confianza. Nunca podré sentirme abandonado. Siete generaciones que al mismo tiempo dependen de mí, confían que asumiré las decisiones correctas en mi propia vida, y en responsabilidad ante las siguientes generaciones.

La sabiduría indígena norteamericana propone que cada decisión personal y pública, política y comunitaria debe tomar en cuenta las siete generaciones. En cada momento debemos aprovechar y respetar la sabiduría de los ancestros, sus conocimientos y sus valores, pero sin obedecerlos ciegamente. Al mismo tiempo, tenemos que respetar las tres futuras generaciones, nuestros hijos, nietos y bisnietos, aunque no hayan nacido todavía. Las decisiones que tomamos hoy, en esta generación, los comprometerán a ellos, y tendrán consecuencias después de nuestra existencia que debemos tomar en cuenta.

Incluso las herencias nefastas y dolorosas que recibimos nos imponen una responsabilidad: debemos sanarlas y transformarlas para no implicar a las futuras generaciones. Las guerras, violaciones y violencias que afectaron a mis ancestros, no las debo heredar a mis hijos. Hay legados que deben interrumpirse.

Esta cadena intergeneracional de gratitud y responsabilidad me impresiona mucho. ¡Ojalá supiéramos respetar las siete generaciones en nuestras decisiones! Sea en la política, en el trabajo, en la educación o en la vida personal: tengamos presentes a nuestros padres, abuelos y bisabuelos, pero también a las generaciones que han de venir.

UN POCO DE SAL

STEFAN SILBER

Teólogo laico 

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