Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 28 de noviembre de 2022
  • Actualizado 10:24

Escuchar es más que oír

Escuchar es más que oír

En el arte de la comunicación, es preciso saber escuchar. Hablar puede parecer fácil: proclamar el punto de vista propio y hacer prevalecer la propia opinión. Saber comunicar, sin embargo, además necesita la capacidad de escuchar, de entender y de abrir un espacio de intercambio. 

No es fácil escuchar. Es más que simplemente oír, como nos sigue recordando el papa Francisco. Para escuchar hay que abrir el corazón para la humanidad de los otros, dudar de las convicciones propias y prepararse para ver un asunto desde un ángulo diferente. Escuchar no significa aceptar sin más la opinión del otro, sino tratar de entenderlo tal como es y por qué es como es.

Si escuchar es difícil ya en el ámbito interpersonal y familiar, podemos comprender por qué es algo tan raro y escaso en el ámbito público y político. A veces podemos tener la impresión de que la política es el arte de imponer el propio punto de vista y excluir a todos los demás. Por el contrario, para construir una política para el bien de todos, es necesario escuchar, y en primer lugar escuchar a las personas silenciadas. 

Lo novedoso de los procesos sinodales de la Iglesia católica en los últimos años fue su capacidad de escucha. El Sínodo para la Amazonía se abrió a escuchar las voces de los pueblos indígenas, de las congregaciones religiosas, de las mujeres, algo inédito en la historia reciente de la Iglesia. En la Iglesia, nos cuesta aprender a escuchar, porque nos hemos acostumbrado a enseñar lo que nos parece cierto. El Papa nos recuerda que escuchar significa prestar atención a los que no pueden hacer oír su voz. 

Este nuevo ejercicio católico de la escucha puede servir de ejemplo para la necesidad de prestar atención a los silenciados en todo el ambiente público. Los conflictos sociales y políticos pueden gestarse y solucionarse, cuando hacemos valer la voz de todas y todos, especialmente las voces de las personas marginadas y aisladas. El arte de escuchar debe incluir, además, las voces de la naturaleza, tan distorsionadas y silenciadas a causa de la contaminación, la deforestación, la minería y el latifundio. El bien común y el buen vivir se construyen a base de los aportes de todos, para el beneficio de cada persona y en fraternidad con la naturaleza.

UN POCO DE SAL

STEFAN SILBER

Teólogo laico 

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