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  • Diario Digital | martes, 21 de septiembre de 2021
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Prosperidad urbana, ¿un concepto virtuoso e imposible?

Prosperidad urbana, ¿un concepto virtuoso e imposible?

En 2012, el autor catalán Jordi Borja nos advertía que en la gestión urbana, desde los documentos de los organismos internacionales o nacionales, los planes o proyectos, los discursos políticos de ministros o alcaldes, las conclusiones de foros o seminarios hasta las declaraciones de investigadores o profesionales, coincidían sospechosamente en proponernos una ecuación virtuosa tan necesaria como imposible, según la cual, “el desarrollo urbano debe conciliar la Competitividad, la Cohesión social o la Equidad, la Sostenibilidad, la Gobernabilidad y la Participación”. En otras palabras, una fórmula cuyos conceptos debían estar presentes en todos los ámbitos mencionados, sin importar su utilidad o necesidad. Al respecto, argumentando la inviabilidad de su conciliación y refutando cada uno de estos conceptos, Borja llegaba a la conclusión de que, a pesar de ser conceptos tan equívocos como contradictorios, curiosamente serían impulsados y legitimados con la activa complicidad de políticos, expertos y medios de comunicación. Bajo estos parámetros, a continuación, reflexionamos si documentos como la Política de Ciudades de 2020 cumplen con estos rasgos y, si la novedosa “prosperidad urbana” puede ser catalogada como un concepto más de esta ecuación.

En un contexto político marcado por las secuelas de una crisis estatal y los efectos de una pandemia, en octubre de 2020, el MOPSyV publicaba el documento “Política De Ciudades” que tenía la particularidad de incorporar el concepto de “prosperidad urbana” en un trabajo que se venía elaborando desde el periodo del MAS. Al margen de los aspectos técnicos, en un documento que se presentaba básicamente como una propuesta sugerida por un organismo internacional, resultaba evidente que la introducción de dicho concepto respondía a un intento desesperado por reemplazar el paradigma del “vivir bien” por otro de similar acepción adaptado a otros intereses.

Bajo los parámetros de la ecuación virtuosa e imposible, en este documento que contiene todos los conceptos que Borja considera equívocos y contradictorios, la “prosperidad urbana” no solo formaría parte de la visión o el enfoque político, sino que constituiría una variable a la que se subordinan todos los indicadores técnicos enfocados a cumplir objetivos más propios de un proyecto global que nacional. Sin duda, se trata de un concepto evidentemente foráneo y neoliberal impulsado por organismos que camuflados de “cooperación”, solo buscan generar condiciones propicias para la continuidad del libre mercado en países como Bolivia. Aclarando que estamos lejos de coincidir con el MAS o su “vivir bien”, consideramos que este concepto propone claramente un retorno más abierto a un modelo económico, posiblemente con las características anteriores a 2006.

Dado que a estas alturas sería ingenuo pensar que los cambios políticos e ideológicos no influyen en el rumbo de la planificación en todas sus escalas, aclaramos que nuestra crítica no está dirigida a los aspectos técnicos ni operativos del documento, sino a los factores políticos e ideológicos que, desde nuestro punto de vista, determinarán la inviabilidad de un concepto que apareció de la noche a la mañana en un documento aprobado al calor de un resentimiento político que solo buscaba abandonar cualquier vínculo con el proyecto precedente.

Conscientes de la importancia y necesidad de estos instrumentos para el desarrollo del país, consideramos que una política de ciudades no puede apuntar a un enfoque cuyos objetivos están subordinados a proyectos foráneos. Retomando a Borja, podemos concluir que, la insistencia por conciliar estos conceptos como una receta aplicable a la gestión urbana y la planificación, no permiten reconocer que la imposibilidad de esta “ecuación milagrosa” está determinada por el ambiguo cumplimiento de sus objetivos. Debido a que dicha conciliación no está respaldada por normativas internacionales ni nacionales, su manejo retórico en los discursos políticos solo serviría de distracción para que luego se impongan las dinámicas del mercado en complicidad con instituciones, profesionales y académicos que no cuestionan sus causas concretas ni denuncian a los responsables.

En suma, consideramos que la inviabilidad planteada al principio para documentos basados en los conceptos de la ecuación virtuosa e imposible se puede aplicar a la política de ciudades que solo tiene la particularidad de incorporar el concepto de prosperidad urbana, que fácilmente podríamos catalogar como un concepto más de esta ecuación inaplicable en la gestión urbana o territorial.

RE-HABITAR

Sergio Bernabé Lupa

Lic. en Planificación del Territorio y el Medio Ambiente/ miembro del Taller colectivo reflexión y de acción territorial  Re-Habitar

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