Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 09 de diciembre de 2019
  • Actualizado 01:20

Mitómano compulsivo

Mitómano compulsivo

Luego de 13 años, nueve meses y 19 días, Evo Morales finalmente renunció a la Presidencia, obligado por la movilización social, tras conocerse el informe preliminar de auditoría de la OEA que confirmaba las fundadas denuncias de fraude electoral. Dicho informe estableció la imposibilidad de certificar la integridad de los comicios generales, al constatar graves irregularidades en los cuatro elementos analizados (tecnología, cadena de custodia, integridad de las actas y proyecciones estadísticas), así como una clara manipulación del sistema TREP y el cómputo oficial.

Múltiples argucias fueron elaborándose desde las esferas gubernamentales para no sacar a luz, el plan maquiavélico de recurrir al manoseo del escrutinio que pretendía asegurarle un cuarto mandato de quien hoy es asilado político en México, y cuya tendencia mitómana no deja de sorprender a propios y extraños.

Es asombrosa la facilidad que posee Morales para mentir a boca de jarro, aventurándome incluso a señalar que su conducta es definitivamente patológica. Tal atributo, podría serle acreedor a un doctorado honoris causa en el “arte de mentir” y que, en otras circunstancias, con seguridad, ciertas universidades no dudarían en otorgarle semejante distinción para congraciarse ladinamente con el dictador ególatra, a cambio de algunos beneficios y ventajas.   

Su tendencia a distorsionar la realidad como vía de escape para no afrontar las consecuencias de sus actos; la búsqueda exagerada de un reconocimiento inmediato para ocultar sus grandes limitaciones y complejos personales e intelectuales, así como la confección de discursos incorrectos que deforman y falsean la verdad de los hechos, dan cuenta de su avanzada experticia mitomanía compulsiva.

Al parecer, su fama ha trascendido las fronteras, desplegando sus habilidades para hacer creer a cuanto ingenuo trasnochado del país que lo cobija, su condición de víctima y perseguido político obligado a renunciar por la escalada de violencia desatada e impulsada por una derecha radical en el país. Guion por demás exagerado y fantasioso, así como su conveniente imagen de indígena segregado, pobre y excluido, solo aspira lograr solidaridades y apasionamientos sugerentes de quienes lo escuchan (...).