Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 05 de junio de 2020
  • Actualizado 09:10

Se fue con el secreto mejor guardado

Se fue con el secreto mejor guardado

A 39 años del golpe de Estado en Bolivia, aún permanecen registradas en la memoria colectiva los sucesos y acontecimientos de extrema violencia, que marcó profusamente el devenir de las generaciones del setenta y, principalmente de los ochenta.

Este último, muchos aún infantes, fuimos testigos de la crueldad y terror con la que operaban los organismos represores del gobierno de facto del general Luis García Meza y que junto a su ministro del Interior, Luis Arce Gómez, protagonizaran uno de los episodios más oscuros y tenebrosos de la historia.

A consecuencia de una obstrucción respiratoria, García Meza falleció el 29 de abril de 2018 a la edad de 88 años, de los cuales, 23 permaneció recluido en la cárcel de Chonchocoro, por los delitos de asesinato, persecución, violación a la CPE, los derechos humanos, narcotráfico y otros, cometidos durante su corto mandato del 17 de julio de 1980 y el 04 de agosto de 1981.

Similar suerte correría su temerario ministro Luis Arce Gómez que el pasado lunes 30 de marzo dejó de existir a la edad de 82 años, a consecuencia de un paro cardiaco. Este polifacético exmilitar, campeón de ajedrez del Ejército, apodado el “Loco” por su accionar violento –más tarde, “ministro de la cocaína”, por su parentesco con el rey de la coca, Roberto Suárez Gómez- y a quien nunca le impresionó la muerte, finalmente se llevó a la tumba, el secreto mejor guardado de la dictadura: revelar la ubicación exacta de los restos del extinto líder socialista, Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Declarado anticomunista, Arce Gómez manejaba la inteligencia del Ejército desde el Estado Mayor. Autor intelectual de los atentados explosivos de enero de 1980 en La Paz, y el crimen del padre jesuita Luis Espinal Camps.

También organizó grupos paramilitares denominados los “Novios de la Muerte” que asaltaron la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), en La Paz, el 17 de julio de 1980, donde fue asesinado Marcelo Quiroga Santa Cruz. El 15 de enero de 1981, ordenó la Masacre de la Calle Harrington, siendo ejecutados ocho líderes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Cómo olvidar sus declaraciones temerarias vertidas y que llevan su sello indeleble personal: los “tontos útiles de la izquierda internacional” y “todos aquellos elementos que contravengan al Decreto Ley -17610 de 17/09/1980-, tienen que andar con su testamento bajo el brazo, vamos hacer taxativos, no va a haber perdón”.

Varias conjeturas fueron revelándose sobre la muerte de Marcelo Quiroga, ejecutado por Froilán Molina, alias el “Killer”, siguiendo órdenes de Hugo Banzer Suárez y donde también participó Arce Gómez, asestándole un tiro en la rodilla, según declaraciones de Luis García Meza. El móvil del asesinato habría sido el temor al juicio de responsabilidades contra Banzer en el Congreso Nacional, impulsada por el líder socialista. 

Más tarde, Arce Gómez, en una entrevista, confirmó que el cuerpo de Quiroga fue depositado en una caja de latón y trasladado en avioneta con destino a Santa Cruz de la Sierra, por encargo directo de Banzer, quién le aseguró haber enterrado sus restos en su hacienda de San Javier, subrayando a “este ... que quiso hacerme un juicio, lo tengo enterrado aquí mismo, está bajo mis pies”.

El 2010, propuso al Gobierno revelar la ubicación donde estaban enterrados los restos, a cambio del beneficio casa por cárcel. Pero ante la imposibilidad de modificar su sentencia, el secreto mejor guardado por la dictadura nunca pudo ser revelado.

Con la muerte de Arce Gómez se cierra una de las páginas más sangrientas de la historia del país, aunque en contrapartida, deja en el misterio absoluto el sitio donde se hallan los restos del líder socialista.

Ojalá algún día sea posible dar con su paradero y cerrar definitivamente las heridas que dejó la dictadura de los años ochenta en Bolivia.