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  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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El Wilster se nos muere (II)

El Wilster se nos muere (II)

Nada bueno puede decirse del Wilster ahora mismo. Si hace una semana, en esta misma columna, asumimos la desaparición del club como una posibilidad cercana, hoy se impone como el más natural de los desenlaces para el trance que atraviesa. Salvo que Gary Soria, su presidente actual, dé un paso al costado o sea cesado de sus funciones, el destino del principal equipo de fútbol de Cochabamba y uno de los decanos del balompié boliviano parece uno solo: la extinción. Y no es que una eventual salida de Soria vaya a resolver automáticamente la crisis financiera de la institución, sino que su permanencia en el cargo solo oscurece el ya negro panorama.

Más que un equipo de fútbol, el Wilster se ha convertido en una pesadilla de nunca acabar. Un día, su sede amanece tapiada y con carteleres que piden la renuncia del presidente en términos no muy amistosos. Al siguiente, su complejo deportivo es intervenido con escombros que impiden el acceso de los propios futbolistas. Soria rompe su desesperante silencio para aclarar que no piensa irse y, de paso, amedrentar a los periodistas mediante barrabravas que de rojos solo tienen la sed de sangre. Al otro día, el dirigente llega a una reunión de la FBF custodiado por hombres de negro que, en una mala imitación de “Reservoir Dogs”, adoptan maneras mafiosas: asaltan a reporteros, se enfrentan con hinchas, huyen de los policías. Poco después, el abogado que se cree “consigliere” del clan le tira una carta arrugada al vicepresidente del club que solicita a la Federación desconocer al mandamás aviador.

En esta recapitulación mínima hay una constante siniestra: la violencia. En lugar de dar explicaciones sobre su gestión, Soria se refugia en el silencio y, cuando lo rompe, acude a la violencia de grupos delincuenciales que pretenden meter miedo en sus “enemigos”. Llevar barrabravas a una conferencia de prensa es una declaración de guerra al periodismo y el aún presidente de Wilstermann lo ha hecho en más de una oportunidad. Caminar escoltado por hombres que se visten y actúan como matones es una agresión inaceptable. Tener de vocero a un abogado que insulta y desafía a peleas a todos los detractores del directivo aviador es una broma ofensiva con la opinión pública. Y cómo no, la violencia que promueve Soria genera también violencia del otro lado, aunque no en la misma proporción ni con la virulencia de su bando.

Con un presidente insensatamente aferrado al cargo y consagrado a desatar una espiral de violencia, quizá lo más aconsejable sea levantar las manos y esperar a que Soria y sus cómplices le den al Rojo el tiro de gracia de una vez por todas. Eso y pedir la actuación del Estado para velar por la integridad de hinchas y periodistas es lo poco que nos queda a quienes cada día estamos más resignados a que el Wilster desaparezca.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti