Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 13:00

Wilster es una lágrima

Wilster es una lágrima

El título de esta columna es el mismo que empleó este periódico en su portada del viernes 29, al día siguiente del partido de Copa Sudamericana que Wilstermann perdió ante Sao Paulo por 1-3, en el Capriles. La sentencia causó escozor entre la hinchada roja, que es mayoritaria en Cochabamba. Protestaron en redes, pero no todos, algunos admitiendo que el Aviador no atraviesa por un buen momento, otros desgañitándose por lo que consideraban un agravio contra su equipo.

La molestia se entiende, cómo no. Las derrotas del equipo que uno sigue duelen como un pelotazo en el estómago. Duele también el escarnio posterior a la caída, que no pocos asumen como una suerte de ofensa a la familia, como un atentado contra el apellido futbolístico del hincha. Lo que se entiende menos es la ceguera voluntaria ante una campaña futbolística que, se mire por donde se mire, es una lágrima. Lá-gri-ma.

Cómo no va a ser una lágrima que uno de los equipos más grandes de Bolivia, el tercero con más títulos nacionales en este país, haya ganado apenas un solo partido de local en lo que va del torneo Apertura.

Cómo no va a ser una lágrima que uno de los clubes mejor reforzados de este 2022 (porque, al menos en los papeles, Sanguinetti, Chávez, Menacho y Castro son buenos refuerzos para el fútbol boliviano) esté fuera de zona de clasificación en su serie para la siguiente fase del campeonato profesional, peleando por un cupo con cuadros históricamente menores y peor reforzados como Tomayapo, Pari, Blooming o Independiente.

Cómo no va a ser una lágrima que un plantel que por años tuvo al mejor arquero del fútbol boliviano (Pipo), hoy tenga montado en su área un escenario de bloopers para porteros improvisados con miedo a volar y raptos alucinatorios en los que confunden la pelota con murciélagos. Hablo de Ojeda, que se comió un gol impresentable en la derrota frente a Tomayapo en Cochabamba, pero, sobre todo, de Escobar, un meta traído -vaya uno a saber por quién- desde Colombia, cuyo sueldo, me imagino, lo pagan los rivales, y no Wilster, por todos los favores que reciben cuando “ataja”.

Cómo no va a ser una lágrima que el Jorge Wilstermann que hace unos años llegó a cuartos de la Libertadores, hoy sufra horrores para llegar a la fase de grupos de la Sudamericana y, ya instalado en ella, se acomode en el fondo de la tabla, por debajo de cuadros de mucha menos tradición continental, como Ayacucho y Everton.

Y así podríamos seguir y seguir, enjugando lágrima a lágrima hasta ahogarnos en un mar rojo, náufragos de este Wilster que, le duela a quien le duela, solo da para llorar. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti

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