Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 24 de junio de 2024
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¡Viva Vinto!

¡Viva Vinto!

Algo debe tener Vinto que, en menos de cinco años, ha catapultado dos equipos a la primera división del fútbol boliviano. En 2019 lo hizo con Palmaflor, que a la postre se arrimó a la vecina de Quillacollo. Y ayer lo volvió a hacer con Universitario, que se coronó campeón de la Copa Simón Bolívar, merced a una victoria de local y un empate de visita contra la U de Sucre. Además de proceder del municipio manzanero del Valle Bajo, ambos equipos comparten el haber llegado al profesionalismo sin ser favoritos ni mucho menos.

Otra cosa que comparten Palmaflor y la U de Vinto es el arquero y capitán que los llevó a primera: Juan Carlos Robles. Con el de ayer, el portero beniano suma tres títulos de la Simón Bolívar, uno más que los que ganó en primera con la U de Sucre, paradójicamente. Los dos anteriores del ascenso los obtuvo con Aurora y Palmaflor, lo que acredita su condición de amuleto del fútbol cochabambino. Con casi 37 años, Robles es un arquero atípico, de otra época, de los que ya se extinguieron. Su especialidad es patear y meter penales, razón por la que es el goleador del cuadro vinteño. Tiene condiciones físicas que distan del estándar de lo que se considera un jugador profesional: es lento y, sobre todo, pesado, con bastantes kilos de sobra. Y lo que me parece más importante: contagia garra y hambre de gloria. Salvando las distancias, me recuerda a José Luis Chilavert, Rogério Ceni, Mauricio Soria o Huguito Suárez. Y si no nos limitamos a guardavallas, podría ser el primo amazónico del Chespi Zenteno, tanto por su corpachón (de “mastuco”) como por su temperamento. Robles es, qué duda cabe, uno de los emblemas del nuevo equipo liguero. Curtido en los sinsabores del fútbol boliviano, es un deportista acostumbrado a levantar equipos y copas, que se ha ganado el derecho a lucir sobrealimentado, a la manera de un digno comensal del (restaurante) Viva Vinto y/o de un dicharachero habitué de las chicherías vinteñas que exhiben banderas del mismo blanco con el que juega su Universitario.

El otro emblema del campeón de la Simón Bolívar es definitivamente su entrenador, Marcelo Claros. Un hombre de perfil bajo y pocas palabras, pero que desborda seriedad, honestidad y compromiso. Su mayor mérito, se infiere, ha sido el trabajo concienzudo para armar un equipo sin figuras, pero sólido y efectivo, que, sin derrochar florituras, se hizo prácticamente imbatible de local y de visitante. Eso, que no es poco, le ha alcanzado para convertirse en el cuarto equipo cochabambino en primera. Cochabamba tiene cuatro equipos profesionales, uno menos que Santa Cruz y uno más que La Paz. Y de esos cuatro, dos son de ciudades intermedias, ya no de la capital, lo que habla de cómo viene transformándose el fútbol boliviano y Bolivia. Que este sea solo el inicio de una larga vida de la U de Vinto en el fútbol profesional.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti