Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 21 de septiembre de 2021
  • Actualizado 19:24

Todos los arqueros van al cielo

Todos los arqueros van al cielo

Escribo esta columna desde una genuina ignorancia de lo que pasó anoche, en la final de la Copa América. La escribo también sin ánimo especulativo sobre lo que vaya a ocurrir en unas horas más, en la final de la Euro. La escribo casi saboreando la nostalgia que se avecina al cabo de este mes de sobredosis de fútbol. Ahora mismo, mientras escribo, con el adormecimiento previo a la unción de los campeones, quiero dedicarles unas líneas a quienes, al menos para mí, han sido las figuras mayores de este mes de copas: los arqueros. Sí, sí, los arqueros: los aguafiestas del fútbol, como les decía Galeano. Esos gigantes intimidantes, cuando no intimidados, que están llamados a conjurar la alegría del fútbol, el gol. Razones hay de sobra. O mejor: guantes hay de sobra.

Sin ir más lejos, está el escándalo aún fresco en torno a los penales que tapó Emiliano Martínez, portero argentino, en la tanda que le dio a la Albiceleste el pase a la final a costa de los colombianos. De Dibu, el gigante bocón que amilanó a sus rivales amenazando con comérselos (en un sentido más sexual que alimenticio), se ha escrito tanto y tan bien en estos días, sobre todo en medios y redes de su país, que no hay mucho más que decir. Salvo, quizá, que para mí el guardameta del Aston Villa es un espécimen de la estirpe de Mohamed Alí, el monstruo juguetón que te gana la pelea primero con la labia, luego con la cabeza y, finalmente, con el cuerpo. De distinta raza es otro meta admirable en estos días, Kasper Schmeichel, emblema de la Dinamarca semifinalista de la Eurocopa. Solo por llevar el apellido de su legendario padre, el imbatible Peter que ganó la única Euro de los daneses, Kasper ya tiene asegurada nuestra atención. Si a ese destino por honrar/pelear con la leyenda del padre le sumamos su condición de arquero sufrido pero cumplidor, tenemos material suficiente para una novela o, en consonancia con estos tiempos, para una “peli” de Netflix. El lugar común sería caracterizarlo como el vikingo del arco, pero yo prefiero verlo como el Edipo de los tres palos. Y no solo por la trama parental, sino porque, en rigor, Schmeichel Jr. es un rey que, aun venciendo, siempre pierde. No otra cosa nos confirmó el penal que le tapó a Kane en la semifinal contra Inglaterra y que, merced al maldito rebote del destino, acabó vulnerando su reino. Me quedo sin espacio para hablar de otros guardavallas dignos de atención. Como Unai Simón, el meta español que, milagrosamente, devino héroe de su país tras protagonizar el blooper del año. O de Donnarumma, el ogro italiano que contuvo las invasiones bárbaras/ibéricas. O de Pickford, el cancerbero inglés que siempre parece asustado y nervioso y que, acaso por eso mismo, ha sido el menos vencido de la Euro. O cómo no, de nuestro Lampe, el estoico que juega para un equipo nacido para perder. Larga vida a todos ellos, y tantos otros, aguafiestas del gol.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti

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