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  • Diario Digital | miércoles, 19 de junio de 2024
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Separatismo y chantaje en el fútbol boliviano

Separatismo y chantaje en el fútbol boliviano

¿Soy solo yo o alguien más ve en las tensiones dirigenciales de esos días una suerte de reedición futbolera de la crisis política de 2008 en Bolivia? Sí, hablo del año en que se consumó y sofocó eso que el gobierno de Evo Morales llamó el “golpe cívico prefectural”.

Obviamente, las acciones de los clubes cruceños no son comparables en términos de violencia con las que en 2008 desplegaron sectores contrarios al gobierno masista que tenía pocos años de vida. El parecido está en las motivaciones y las aspiraciones de los equipos que impugnan la gestión de la FBF a la cabeza de Fernando Costa. Las motivaciones no son otras que la frustración y el malestar de Oriente Petrolero, Blooming y Royal Pari, tres de los cinco cuadros profesionales de Santa Cruz, que acaban de amenazar con no presentarse al torneo Clausura si no se atiende su “pliego petitorio” para mejorar el arbitraje y el sistema de fichajes. Sus demandas emergen en momentos en que Costa ha descabezado a la Asociación Cruceña de Fútbol (cuyo expresidente denunció al mandamás de la FBF por un supuesto soborno arbitral para que The Strongest no fuera campeón en 2021). Son, qué duda cabe, una expresión de la frustración de no haber clasificado a cuartos de final del Apertura, un trance que achacan a arbitrajes sospechosos e inconvenientes técnicos para reforzar sus planteles. En ningún caso reconocen limitaciones futbolísticas, económicas e institucionales propias. La culpa es de todos, menos de ellos mismos.

Si la frustración y el malestar por los malos resultados deportivos son sus motivaciones, sus aspiraciones deberían apuntar a la consecución de un mejor rendimiento en los campeonatos nacionales venideros. Sin embargo, cuesta creerles. Sospecho que buscan algo más inmediato, pero inconfesable: una cortina de humo para evitar que sus hinchadas y la opinión pública descubran los males crónicos que lastran la gestión deportiva y económica de sus clubes.

Es cierto que el arbitraje boliviano es de un nivel deplorable y que se presta a conjeturas de todo tipo. Sin embargo, sus perjuicios no los sufren solo los representantes cruceños; afectan a la gran mayoría de los equipos profesionales. Y es cierto, también, que hay dificultades administrativas que impiden a algunos reforzarse para competir en mejores condiciones. Pero esas dificultades son, fundamentalmente, una consecuencia del mal manejo de las dirigencias, actuales o pasadas.

Así pues, el chantaje de los clubes cruceños no debería merecer mayor preocupación. Su amenaza de separatismo es una medida desesperada para disimular sus fracasos deportivos. No se la puede tomar en serio. Y ojo que esto lo digo sin ánimo alguno de alinearme a Fernando Costa. Su gestión es susceptible de muchas observaciones y ajustes, pero, en ningún caso, debería ceder a los berrinches de unas instituciones que necesitan desinfectarse por dentro en lugar de seguir escupiendo pestes a su alrededor.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti