Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 25 de mayo de 2024
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¡Santos ascensos, Batman!

¡Santos ascensos, Batman!

Quienes creíamos que el fútbol boliviano ya se había hecho ateo, hemos debido tragarnos completito nuestro anticlericalismo, al asistir al ascenso a Primera División de dos equipos santificados: Gualberto Villarroel San José, de Oruro, y San Antonio de Bulo Bulo, de Cochabamba. El primero de ellos subió directamente al proclamarse campeón de la Copa Simón Bolívar, que alzó hace una semana tras una agónica definición por penales frente al cuadro del Trópico cochabambino. Pese a que habían partido con ventaja en la serie final, ganando de visita en Entre Ríos, los orureños sufrieron más de la cuenta en la vuelta jugada en condición de locales, donde un “blooper” de su arquero los llevó a la tanda desde los doce pasos. Para su fortuna, el guardameta tuvo chance de redimirse ante los erráticos pateadores de Bulo Bulo.

El ascenso del representativo dirigido por Eduardo Villegas ha servido para reparar una de las heridas más dolorosas sufridas por el fútbol boliviano: el descenso de San José en 2021, que dejó a Oruro sin fútbol profesional. Aunque no se trata del mismo equipo, la recuperación del nombre y del uniforme del popular plantel de la “V azulada” ha funcionado como un gancho para re-enamorar a la afición de esa región altiplánica, tanto a la que habita en su territorio como a la que se halla dispersa en el resto del país e, incluso, fuera de él. A sabiendas de la lealtad de la hinchada orureña, la presencia de un equipo que les represente es una buena noticia para todos los otros competidores ligueros, que tendrán mejores recaudaciones, y para los mismos dueños de los derechos de televisación.

Más de un parecido hay con la gesta de San Antonio de Bulo Bulo. Sin pertenecer a una región con una tradición tan antigua en el fútbol boliviano como lo es Oruro, el club entrenado por Thiago Leitao ha recuperado, por un lado, la plaza que había tenido y perdido en un mismo año el Trópico cochabambino gracias a Palmaflor y, por otro, el cuarto cupo de Cochabamba en el profesionalismo también cedido por Palmaflor. El descenso directo del cuadro que había ascendido en representación del Valle Bajo, para este año mudarse al Chapare, fue un golpe duro para esa región y para Cochabamba toda. Por suerte, los de Bulo Bulo remediaron inmediatamente ese fracaso. Y lo hicieron con una dosis similar de sufrimiento que GV San José: venciendo la llave por el ascenso/descenso directo por la vía de los penales. Su víctima fue Libertad Gran Mamoré, de Beni, que este sábado hizo el milagro de empatar la serie con un 2-0 en Trinidad, pero que sucumbió ante el arquero juvenil Junior Vera, quien se lució atajando dos tiros en la tanda desde los once metros.

El “milagro” que ha elevado a los cielos de Primera a dos equipos santos en una sola semana ya se ha consumado. Ahora viene la más mundana faena de no caerse del Paraíso.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti