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  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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San José, el infierno tan temido

San José, el infierno tan temido

Sería fácil reírse de San José. Su caída en desgracia ha sido tan abismal, que está servida para la burla indolente. Pero hacerlo, además de desubicado, equivaldría a escupir al cielo. La tragedia del equipo orureño no es tanto el descenso de categoría, algo que sus jugadores e hinchas ya tienen asumido desde el año pasado, como el descalabro económico que ha desatado una crisis deportiva insólita. Y el descalabro económico es, hoy por hoy, una condición que comparte la mayoría de los clubes profesionales del país, más allá de la gravedad variable en cada caso. Como me recuerda mi amigo Oscar cada vez que puede, es mejor no condolerse demasiado de los santos, cuando, sin ir más lejos, el Wilster parece encaminado a un futuro tan similar. La multiplicación de sus deudas y su errático desempeño liguero son ya indicadores de una eventual catástrofe que podría consumarse de quedar el club en manos de vendehúmos que ofrecen construir estadios en dos días.

Leí en alguna parte que, con sus 11 puntos menos, San José ha marcado un récord mundial en términos de desempeño competitivo en el fútbol. No se sabe de otro equipo profesional de fútbol que haya cumplido una campaña tan adversa como la que viene cumpliendo el Santo. No es para menos. Su cuerpo técnico ha cambiado tantas veces en el año, que da flojera recapitularlo. Su plantilla reúne tantos jugadores amateurs, que al verlos en el césped uno se acuerda de los partiditos de colegio en los que los ya adultos del último curso de secundaria humillaban a los chicos de primaria.

Pero incluso más que los encuentros perdidos o los puntos cedidos, si hay unos números especialmente horrorosos en San José son sus deudas. Le debe a jugadores, exjugadores, técnicos, extécnicos, árbitros, por mencionar solo actores deportivos. Eso sí, soy de la idea de que entre sus acreedores no deberían figurar ni sus dirigentes actuales ni los pasados, tampoco los dirigentes actuales ni los pasados de la FBF. Todos ellos son corresponsables de las deudas y, por extensión, de la oprobiosa crisis del equipo orureño. No puedo entender que siendo Oruro una ciudad tan dada a declarar “persona non grata” a cualquiera que se ría de su Carnaval y sus instituciones, no haya hasta la fecha procedido de igual forma con los criminales dirigentes que llevaron a San José, una institución casi tan representativa como su desfile folclórico, a la extinción. Porque, seamos francos, el club no solo está por descender, está a un tris de desaparecer.

Con todo, no debiéramos tampoco perder de vista que la crisis de San José, como la de los otros clubes bolivianos, es hija de la crisis institucional y económica que atraviesa al país en todos sus estamentos tras unos buenos años de vacas gordas en que nos farreamos una prosperidad que vaya uno a saber si volveremos a disfrutar algún día.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti