Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 15 de agosto de 2022
  • Actualizado 18:27

Yo quiero un VAR, un VAR azul, para Bolivia

Yo quiero un VAR, un VAR azul, para Bolivia

A cuatro años de su aplicación en el Mundial de Rusia, el VAR está a punto de llegar al fútbol boliviano. Todo indica que el “árbitro asistente de video” comenzará a emplearse en los partidos del torneo Clausura, que debía jugarse desde este fin de semana. Que el arranque del campeonato se haya diferido para el siguiente fin de semana se debe, justamente, a la solicitud de unos días más para acondicionar los equipos de monitoreo en los estadios del país.

La demora en la puesta en funcionamiento del VAR es una señal de lo accidentado que podría tornarse el uso de la tecnología que pretende optimizar la administración de justicia en el fútbol boliviano. Porque eso es lo que promete, al menos formalmente, el ingreso del videoarbitraje al país: que se imparta justicia dentro del campo de juego con la ayuda de las máquinas que operan fuera de él. Que las limitaciones físicas de árbitros y jueces de línea sean subsanadas por las cámaras. Que eso que no vean, o no quieran ver, los hombres de negro, sí sea visto y grabado por los monitores habilitados en las salas de los réferis espías. Que las susceptibilidades de jugadores, técnicos, dirigentes, periodistas e hinchas, todos tan dados a disparar al arbitraje cuando sus equipos no rinden, tengan cada vez menor cabida. Que las sospechas de amaño u otras formas de corrupción, que se denuncian a viva voz cuando los árbitros cometen errores garrafales, desaparezcan o pierdan peso a medida que la tecnología confirme o desmienta tales sospechas. El Gran Hermano aplicado a la pelota, ni más ni menos.  

Sin embargo, no habría que cantar victoria contra el mal arbitraje ni mucho menos. Ni siquiera la FBF está segura de que el Clausura vaya a jugarse con una implementación plena y correcta del VAR. No todos los estadios están debidamente equipados para el uso de la tecnología en sus instalaciones. Sin ir más lejos, en Cochabamba solo el Capriles y el de Villa Tunari tienen el aval federativo para la aplicación del videoarbitraje. Los escenarios de Sacaba y Colcapirhua, donde los equipos cochabambinos también han jugado y deberían seguir jugando partidos ligueros, no están habilitados. Es más, ni siquiera el uso del Capriles está garantizado más allá de las primeras fechas, teniendo en cuenta que son cuatro los clubes locales en primera y el césped no aguanta la intensidad de partidos seguidos.

Y eso que solo hablamos de las limitaciones logísticas y tecnológicas. Mejor no pensar en las humanas. Porque, ojo, por más automatización que venda, el VAR sigue estando en manos de personas de carne y hueso. Aun viéndolo “todo”, la interpretación del reglamento, esa zona gris que ni siquiera las máquinas están en condiciones de sanear, queda a criterio del árbitro y sus colaboradores. Así pues, nos espera un circo, algo más tecnologizado, pero circo al fin. Que comience la función. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti

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