Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 23:14

“¿Qué miran, bobos?”

“¿Qué miran, bobos?”

Ninguna otra selección del Mundial debe levantar tantas pasiones como Argentina. De un lado, están (estamos) los que la apoyan y quieren ver a Messi levantar la Copa (con los argentinos y los de Bangladesh a la cabeza). Del otro, los que la detestan y quieren que pierda todo, incluso los partidos que ya ganó. Las razones de las filias y fobias no pasan necesariamente por el fútbol y en muchos casos se asientan en prejuicios culturales más arraigados. No veo mayor sentido en discutir al respecto. Me interesa más asomarme a las expresiones de antipatía que vienen manifestándose en estos días mundialeros y, en particular, a las que explotaron tras la sufrida victoria ante Países Bajos.

Una de las expresiones de indignación más extendidas en las redes la originó la reacción de los jugadores argentinos tras ganar la tanda de penales del viernes. En una imagen muy divertida se los ve mofándose, con gestos grotescos, de sus pares neerlandeses, mientras corren a festejar con los Martínez, Lautaro y el ‘Dibu’. A propósito de esa actitud he leído condenas furibundas, compartidas por futboleros amargados, influencers de medio pelo y periodistas demagogos, quienes echan el grito al cielo porque los gauchos no habrían “sabido ganar”. Desde esa falsa moral henchida por los valores de la corrección política, acusan a los muchachos de Scaloni de ser un mal ejemplo de ganadores. Invocan un arbitrario manual del buen ganador, que, presumo, demandaría humildad, deferencia, empatía y solidaridad ante el vencido.    

Entendería el sentido de ese manual del buen ganador en otro contexto, pero no en el de un partido jugado por sudamericanos, menos aún en el del duelo entre Argentina y Países Bajos. Al leer los llamados a la compostura de los ganadores argentinos, tengo la impresión de que sus autores no vieron su cotejo de cuartos. O lo que es peor: que nunca vieron un encuentro de fútbol. El de la Albiceleste y la otrora Naranja Mecánica fue el juego más caldeado en lo que va del Mundial. Faltó poco para que se resolviera a puños, patadas y escupitajos. Buena parte de la responsabilidad la tuvo el atolondrado árbitro Mateu Lahoz, pero también pusieron de su parte jugadores y cuerpos técnicos de ambos planteles.

La cosa acabó como acabó. Los juicios de condena posteriores se antojan fatuos e inanes. Tampoco se trata de justificar la actitud de unos u otros. Fue un partido caliente que no podía terminar bien, con los jugadores de ambos seleccionados compartiendo té con galletas en los camerinos. Cualquiera que haya jugado al fútbol, sabe que hay rivalidades que se desbordan y derivan en provocaciones, peleas y, cómo no, muestras de burla de ganadores hacia perdedores. Naturaleza humana, ni más ni menos. Si no entendemos en esos términos lo que ocurre al interior de una cancha, no sé qué estamos mirando como bobos.  

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti