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  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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Pelé, artista del (no) gol

Pelé, artista del (no) gol

Como si el Mundial no hubiese dejado suficientes estragos, el 2022 se guardó para último momento una explosión de magnitud volcánica: la muerte a los 82 años de Pelé. El tricampeón brasileño falleció el jueves 29, en un hospital de San Pablo, tras varias semanas de convalecencia por un cáncer de colon al que ya no pudo driblar.

Con los homenajes y despedidas aún en curso, no queda mucho por decir. Edson Arantes do Nascimento fue uno de los mejores futbolistas de la historia, acaso la primera gran estrella de la pelota y, por supuesto, el responsable de que Sudamérica, de la mano de Brasil, se convirtiera en una de las mayores potencias futbolísticas del planeta. No en vano considerado el mayor atleta del siglo XX, en su condición de negro de origen pobre fue uno de los símbolos de la inclusión social y de la lucha contra la discriminación a través del deporte.

Si de su trascendencia más allá del deporte queda poco por decir, ni hablar de la estrictamente deportiva. Nadie como él alzó tres copas mundiales, aunque con más mérito en la primera (1958) y la tercera (1970) que en la segunda (1962). Nadie hizo tan grande a un club sudamericano, el Santos, hasta ponerlo por encima de los europeos. Nadie hizo tantos y tan bellos goles en su carrera profesional. Y nadie dejó para la memoria colectiva un puñado de “no goles” que se atesoran con similar cariño a los golazos que sí convirtió.

A estos últimos, los “no goles” de Pelé, quisiera dedicar unos apuntes. Y lo voy a hacer remitiéndome solo al Mundial de México 1970, al que el 10 brasileño llegó acompañado de una selección repleta de 10. Ya en su primer partido, contra Checoslovaquia, hizo uno de los “no goles” por los que sería recordado: un chutazo lanzado desde su campo que estuvo a poco de colgar al arquero rival.

En el segundo juego, contra Inglaterra, ejecutó otro “no gol” que le dejó tanta notoriedad a él como al arquero, el legendario Gordon Banks: un cabezazo rotundo y con pique que nadie sabe cómo hizo el meta inglés para despejar con un puño y echar por encima de su arco. Que haya sido elegida como la mejor tapada en la historia de los mundiales habla bien del portero, pero también del ejecutante del tiro.

El tercer “no gol” de México 70 es el más célebre de todos. Tuvo lugar en la semifinal disputada contra Uruguay en Guadalajara. Cuando Brasil ya ganaba por 3-1, Tostão filtró un pase preciso al espacio para que Pelé anotara. Con el arquero Mazurkiewicz salido hasta la media luna, el astro hizo algo inverosímil: se fue con su cuerpo por un lado y dejó correr la pelota por el otro para darle alcance unos segundos después y cruzarla al palo adonde no llegarían ni el portero ni los defensores. Que esa bola se fuera del campo besando el poste es una anécdota más. El arte ya se había consumado. Un solo jugador había sido capaz de controlar el movimiento del balón y de sus rivales sin necesidad de tocarlos, desplegando un mecanismo de prestidigitación insólito, moviendo los hilos invisibles entre su mente, la redonda y sus contrincantes. No goooooooool de Pelé.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti