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  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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Nostalgias de octubre de 2019

Nostalgias de octubre de 2019

Algo le pasa a Bolivia en octubre. Se le enciende su instinto de autodestrucción. A veces, funciona para bien; otras, para lo peor. En 1982, octubre fue el mes de la recuperación de la democracia. En 2003, el mes de la Guerra del Gas. En 2019, el de la crisis postelectoral. Y en este 2021, aún no lo sabemos. No pinta bien, en todo caso. El paro indefinido en Santa Cruz, convocado para pedir Censo en 2023, sumó en menos 24 horas su primera baja: un hombre muerto en Puerto Quijarro. Las circunstancias aún están en investigación, pero el daño ya está hecho y es irreversible.

Se preguntará el improbable lector a cuento de qué vienen estas toscas constataciones en una columna sobre fútbol. Yo mismo me lo pregunto. Y la verdad, no tengo una respuesta elocuente ni mucho menos. Lo más cercano que tengo es una triste premonición: me temo que las cosas no van a terminar bien en este octubre agonizante. Espero equivocarme, desde luego. Por lo pronto, mi temor es mayor que la obligación de escribir sobre pajas futboleras.

Tampoco es que me sobren ideas sobre la pelota. Menos aún hay entusiasmo. El Wilster lleva tres partidos perdidos al hilo y acumula más deudores enfurecidos que Finsa. El Atlético Tucumán de Lampe se cayó de la pelea por el campeonato argentino y hasta se quedó sin torneo internacional. El Barcelona perdió hace una semana frente al Real Madrid y está prácticamente fuera de la Champions. Benzema ya recogió su Balón de Oro. Y claro, el Clausura está suspendido hasta nuevo aviso.

Ha sido una semana desgraciada, qué duda cabe. No todo ha tenido que ver con los vaivenes políticos en el país, pero el desánimo no distingue causas, solo se agrava con cada revés. Eso sí, al paro cruceño cabe achacarle la cancelación de la fecha 25 del torneo. En una fase ya definitoria y a menos de un mes del inicio del Catar 2022, la interrupción de los partidos es un contratiempo que amenaza con desbarrancar el ya contrahecho fútbol boliviano.

No sé si les ocurra a otros, pero a mí la suspensión del torneo me remite inexorablemente a los días posteriores a las fallidas elecciones de 2019. Lo que es peor: me recuerda al desaguisado de Evo Morales pidiendo que las protestas cedieran para que el fútbol profesional se reiniciara. No quisiera pecar de fatalista, pero, a ratos, escucho cosas que destilan un peligroso tufillo de nostalgia por el descalabro que se consumó entre octubre y noviembre de hace tres años. Y lo que escucho no me entusiasma ni nada parecido. Y no precisamente por sus efectos sobre la práctica futbolística, que es la menor de mis preocupaciones en estos instantes.

En fin, lo mejor sería que la pelota vuelva a rodar en los estadios bolivianos durante esta misma semana. De hacerlo, probaría que mis temores son infundados y que podríamos llegar a noviembre algo maltrechos, pero aún deseosos de vivir el Mundial. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA 

Periodista

@EspinozaSanti