Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 17:07

Neymar y el ‘fútbol arte’

Neymar y el ‘fútbol arte’

Lo dije en caliente, a pocos minutos del pitazo final en París, y lo ratifico ahora, con la cabeza fría y días después: la vuelta por cuartos de final de la Champions entre el PSG y el Bayern Munich, que se jugó el martes 13 en el Parque de los Príncipes, fue uno de los mejores partidos de fútbol que tuve la dicha de ver en años. Tan bueno fue el encuentro, que me animaría a decir que lo menos importante fue su resultado: 0-1 a favor del Bayern. Por el nivel parejo de los rivales, la intensidad del juego, la calidad de sus intérpretes y las jugadas que -en solitario o colectivamente- compusieron, acabó siendo un espectáculo incluso más épico que la ida en Munich, jugada bajo una acechante nevada que, eso sí, resultó menos inclemente que Mbappé, autor de dos de los goles con los que ganaron (2-3) los de Pochettino.   

Si en Alemania la figura excluyente fue el joven Kylian, en Francia las flores, casi todas, se las llevó Neymar. Merecieron también las suyas Di María, Keylor y Mbappé, pero el brasileño fue el concertino virtuoso que brilló e hizo brillar al resto de la orquesta en una sinfonía perfectamente dirigida y ejecutada. No es poco, si reparamos en que Ney ni siquiera anotó un gol. Es más, falló varios, entre ellos dos que pegaron en los postes, pero solo después de jugadas sublimes. La primera fue luego de quitarse la marca de Coman, con un giro de cintura que ni el mismo Elvis se habría permitido en sus mejores años, para acomodar la pelota en el travesaño de Neuer.  La segunda, que pegó en el palo izquierdo del meta alemán, derivó de una refinada combinación con Mbappé, con quien ha construido una complicidad que a momentos se antoja superior a la que alcanzó con Messi.

Podría explayarme sin fin describiendo otros tantos pasajes gloriosos del partido, pero a lo que quiero llegar es al encomio desaforado de Neymar, un futbolista extraordinario que lleva más de una década dejándonos mudos de admiración, pero también provocando vociferaciones de condena. Su divismo dentro y fuera de la cancha, por el que suele pasar demasiado tiempo retorciéndose sobre el césped o capeando escándalos vulgares, nos ha acabado distrayendo de lo que más importa: las proezas que hace con la pelota. Neymar es el futbolista que más lejos lleva la premisa de que el fútbol hay que jugarlo, incluso más que ganarlo. Es la encarnación suprema de la dimensión lúdica del balompié: juego, luego existo. Lo suyo es el fútbol arte, en el que el ‘por qué’ y el ‘para qué’ del deporte son preguntas de menor calado que el ‘cómo’. Driblar, dejar por los suelos al rival, ensayar una pared con los colegas, abstraerse del mundanal ruido y acomodar la pelota dentro de los tres palos. Si entra, bien; si no, también. Los fracasos ejecutados con arte no dejan de ser arte. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA  A.

Periodista

@EspinozaSanti

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