Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 12 de abril de 2024
  • Actualizado 17:34

El milagro de Villa Ingenio

El milagro de Villa Ingenio

Dirán que es fácil colgarse del triunfo ajeno. Que apropiarse del éxito de un equipo boliviano del que no se es hincha es demagogia pura. Que hacer alarde de la goleada de Always Ready sobre Sporting Cristal (6-1), por la fase 2 de la Libertadores, es una manifestación mal enmascarada de nacionalismo ramplón. Puede que algo de verdad haya en estas interpretaciones, pero, en mi defensa, debo decir que siento una alegría genuina por la victoria millonaria. Me alegra por razones deportivas, pero, sobre todo, por extradeportivas.

Deportivamente, una tunda como la que le propinó el plantel dirigido por Óscar Villegas al de Enderson Moreira es un golpe de autoridad atípico para los clubes bolivianos que compiten en torneos continentales. Por lo general, son los nuestros los que embolsan goleadas desmedidas, como visitantes (solo hay que recordar los ocho que se comieron Wilster y Bolívar hace no mucho) y como locales (los diez que escaldaron a Oriente en el Tahuichi, en 2022). La capacidad que tuvieron los de la banda roja para reponerse del empate a uno con que se cerró el primer tiempo fue una lección de la que deberían aprender todos los clubes nacionales y la propia Selección. Los chicos de Always salieron al segundo tiempo a comerse al rival y hacer valer la tan cacareada ventaja geográfica. Brillaron el dominicano Dorny Romero y el brasileño Wesley Da Silva, pero también los bolivianos Adalid Terrazas, Héctor Cuéllar, Robson Matheus y Moisés Paniagua, todos muy jóvenes y los tres últimos con potencia goleadora. El de Paniagua es un caso especial, pues, a sus 16 años, se convirtió en el segundo futbolista más joven en marcar un gol en la historia de la Libertadores. El chico pinta para crack, pero mejor no cargarle tanta expectativa desde ahora. Lo mejor, en este momento, es que Villegas planifique el partido de vuelta a fin de minimizar sufrimientos en Lima. Por la abultada diferencia, la llave parece cerrada, pero, conociendo la idiosincrasia de nuestros equipos, no habría que pecar por exceso de confianza.

Lo extrafutbolístico tiene que ver con la notoriedad que la victoria le ha dado a El Alto. Si llevar los partidos del principal torneo continental al estadio de Villa Ingenio ya es algo meritorio, ni hablar de ch’allar el escenario deportivo en Libertadores con una goleada histórica. No me interesa tanto el miedo o respeto que puedan tener los clubes extranjeros al Estadio Municipal de El Alto, pues para ellos la cosa suele reducirse a la “maldición” de la altura. Se me hace más importante la reivindicación de El Alto como una trinchera del fútbol boliviano todo. Que los bolivianos vayamos más allá de los prejuicios y estereotipos que condicionan nuestra percepción sobre la urbe alteña para celebrar con ellos sus logros y alegrías. Eso es lo que importa. Que, de la mano del fútbol, reconozcamos a El Alto como un territorio incontestablemente boliviano, un reducto más para defendernos, gritar los triunfos y llorar los reveses. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti

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