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  • Diario Digital | lunes, 17 de junio de 2024
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Messi: un tríptico azul

Messi: un tríptico azul

La llegada de Lionel Messi al PSG ha devenido una noticia más propia de Finanzas y de Farándula que de la sección Deportes en los medios. Poco puedo aportar al carnaval de millonarias cifras y chimentos que explota alrededor del astro argentino y su entorno (en especial, su esposa Antonella Roccuzzo). Que en un solo día se han vendido más del 800 mil camisetas con la 30 del equipo parisino. Que Antonella se pasea con ropa carísima, además de sus hijos, por la capital francesa. Que el Barcelona ya está perdiendo millones por haber dejado ir a Leo… Antes que seguir por esta ruta, prefiero ensayar una síntesis de las últimas semanas del affaire Messi a partir de tres fotos que se me antojan muy decidoras de este cisma en la historia del fútbol contemporáneo.

UNO Messi y Roccuzzo posan sus cuerpos esculturales durante sus vacaciones en Ibiza. Están abrazados, mirando a la cámara con una media sonrisa, ella con un biquini psicodélico, él con el torso desnudo y el brazo derecho dibujado de tatuajes. Nada nos permite avizorar el vendaval que se avecina hacia tierra firme, a solo 282 kilómetros, en Barcelona, donde la permanencia del diez argentino -lo sabremos días después- ya no depende solo de su voluntad ni la del club catalán. O eso es lo que dirán a la hora de dar explicaciones al mundo. Por ahora, con el Mediterráneo de fondo, azulísimo y calmo, solo existen ellos, Leo y Anto, Anto y Leo, felices, bellos, millonarios, impolutos.

DOS Messi se cubre el rostro con un pañuelo. Llora. Se acabaron las vacaciones. Está bien empilchado. No navega un mar calmo; tambalea sobre la cresta de una ola embravecida: su ‘intempestiva’ salida del Barcelona, su club de toda la vida que, por cosas del ‘fair play’ financiero vigente en LaLiga española, ya no puede pagarle el superlativo salario que “se merece” y debe dejarlo partir a surcar otros mares, conquistar nuevas tierras, llevar su magia a donde quieran costearla. El azul del fondo no es el Mediterráneo, es la tristeza que se cierne sobre (el escudo del) Barcelona, el club y la ciudad toda. Una parte de la capital catalana está muriendo en ese preciso instante.

TRES El diez ya no es diez, es treinta, sí: 30. Es el número que vestirá Lionel Andrés Messi Cuccittini, 34 años, rosarino, para muchos el mejor futbolista de la historia y, a la sazón, flamante incorporación del París Saint-Germain. El azul de la fotografía también es otro, más petróleo, menos Mediterráneo. Lo viste Leo, de pies a cabeza, mientras alista con las manos la zapatilla roja (Adidas, no Nike) para su zurda prodigiosa. No sonríe ni llora, mira con un dejo de desconcierto hacia alguna parte, a alguien o algo que no vemos, al futuro, al infinito, a la nada. El fútbol tiene un nuevo número. Un nuevo color (azul). Una nueva capital. El juego -o el show o el negocio- debe continuar.

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti